Rock save the Queen!

Con un puñado de canciones irresistibles, un grupo de simpáticos locutores y una emisora pirata retransmitiendo rock'n'roll desde el Mar del Norte, Radio encubierta, nueva producción de los creadores de Cuatro bodas y un funeral, Notting Hill o Love actually, echa una mirada atrás para rememorar el espíritu del swinging London y la estética pop que, a mediados de los sesenta, proyectó la severidad y la carga social del primer free cinema británico a su superficie más frívola y festiva.

Juke-box camuflado de batalla entre el viejo y el nuevo orden, entre la Gran Bretaña oficial de la reina y la BBC y aquella otra de los Beatles, las melenas y los garitos de moda, Radio encubierta apuesta toda su eficacia al aislamiento de una época a bordo de un barco convertido en símbolo de la libertad y el empuje de la juventud y sus nuevos gustos. Sin mucho argumento que echarse a las espaldas, la cinta confía su comicidad a la tipología excesiva de sus personajes, a un sentido de la rebeldía para todos los públicos y a una fiesta continua de sexo, rock'n'roll y drogas (blandas).

Richard Curtis convoca el estilo lúdico y juguetón del Richard Lester de Qué no noche la de aquel día o Help y aprovecha el continuo musical para recrear la estética pop cercana al lenguaje del videoclip.

Entregada al jolgorio y la caricatura (véase a Kenneth Branagh con bigotillo hitleriano como improbable censor de opereta) y algo desmedida en su metraje, Radio encubierta sube a su barco-pasarela a pesos pesados de la comedia británica contemporánea como Rhys Ifans, Nick Frost o Bill Nighty, habituales de la casa, e invita también al siempre estupendo Philip Seymour Hoffman, que se encarga de poner el contrapunto norteamericano y de camino vender la película en los circuitos indies. Impagable la aparición de Emma Thompson, decidida, aunque sea por un momento, a reírse de la imagen solemne y correcta que cierto cine ha creado de ella.

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