Remedo y banalización

Presencias extrañas se apunta a la moda de los remakes norteamericanos de éxitos recientes del cine de terror oriental, véanse los casos de las nuevas versiones de La señal o de las también japonesas La maldición, Llamada perdida o Dark water. Le toca ahora el turno a una interesante cinta surcoreana, Dos hermanas, dirigida hace ahora 5 años por Kin Ji-Woon, uno de los nuevos valores del emergente cine popular de aquel país. Con un trasfondo freudiano de manual, a saber, la película contaba la historia de un trauma familiar proyectado en extrañas visiones de lo sobrenatural a través de una enrevesada historia de celos y venganza con madrastra de por medio, la película ponía de manifiesto un elegante ejercicio de puesta en escena y un cierto barroquismo formal que trascendía sus propias limitaciones narrativas.

Pocos de aquellos méritos han quedado en esta nueva versión dirigida por los hermanos británicos Charles y Thomas Guard, más pendientes por lo visto de la claridad expositiva de su guión, o lo que es lo mismo, de los continuos subrayados y las trampas con pistas evidentes, que de la sugestión o la creación de atmósferas inquietantes a partir del juego con las formas. Así, y a pesar de que se repitan ciertas imágenes emblemáticas de la primera entrega -la figura femenina en un pasillo, las dos hermanas sentadas frente al mar en un muelle de madera, las apariciones bajo los muebles-, todo en este plano remake queda reducido a una banalización del misterio y lo sobrenatural que encaja con los peores lugares comunes del género. No se explica mucho qué hace el bueno de David Strathairn (Buenas noches y buena suerte) por estos lares.

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