Pura esencia de Yerbabuena

Justo hace ahora diez años de que la bailaora granadina Eva Yerbabuena debutara con compañía propia dentro de la X Bienal de Sevilla con una obra que tituló con su propio nombre, Eva. Desde entonces hasta ahora, ha producido los espectáculos 5 Mujeres 5 (2000), La voz del silencio (2002), A cuatro voces (2004) y El huso de la memoria (2006), todas ellas coincidiendo con respectivas ediciones de la cita hispalense, en la que no ha estado presente este año. La explicación se halla en que Yerbabuena está girando desde hace meses con una obra que trata de ser una síntesis de su trayectoria sin que por ello deje de mirar al futuro. Se trata, pues, de una parada sin que deje de funcionar la maquinaria.

En Santo y Seña, Eva ha reunido media docena de bailes tomados de sus anteriores espectáculos. Está la seguiriya De la cava tomada del primero de ellos y el mirabrás con bata de cola Espumas del recuerdo, del último. A estos dos, la bailaora ha añadido unos tientos-tangos de nuevo cuño y, como se diría, por aclamación popular, una soleá-bulería con la que cierra una función que se completa con dos coreografías de la compañía -un cuerpo de baile enteramente masculino en esta ocasión- al completo, una farruca y las bulerías Ratapatá.

Se trata, pues, de una antología, una especie de libro de estilo que condensa la forma de bailar marca de la casa, y -a la vez- un trabajo que supera el concepto de antología, pues los elementos que en él se combinan terminan por configurar una obra autónoma en la que su baile de mujer se adueña por completo de la escena. Una oportunidad de gozar del arte de Yerbabuena en toda su extensión y en intensidad, pues la bailaora, que siempre ha sido generosa en su participación en los espectáculos, hace en éste un derroche de presencia.

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