Primeras notas

  • La escuela municipal de música de Algeciras dobla en su primer curso los alumnos que había en el aula

La escuela municipal de música de Algeciras, en el ecuador de su primer curso con dependencia exclusiva de la delegación de Cultura, afronta un futuro a corto plazo en el que se le abren dos puertas que aumentarán su importancia. Una de ellas tiene que ver con la decisión de la Junta de que las escuelas municipales puedan convalidar estudios de grado elemental de música. La otra es el traslado desde la Fundación hasta el colegio San José de Calasanz, donde se impartirán también las clases de las otras dos escuelas municipales, la de teatro y danza.

Inmaculada Nieto, edil de Cultura de Algeciras, decidió el curso pasado la conversión del aula de música -que estaba unida a la Fundación a través de una subvención anual- en escuela municipal, lo que posibilitó la concesión del grado medio al conservatorio de la ciudad, el Paco de Lucía. En la mitad del primer curso con esta nueva partitura las conclusiones que expone Nieto son positivas.

"Se ha abaratado el servicio, el equipo humano está muy implicado, el incremento de alumnos es apabullante y se está haciendo un trabajo con la infancia muy importante", destaca la concejala.

Los alumnos con los que en la actualidad cuenta la escuela de música son 101, informa Germán Orozco, su director, que resalta que la cifra se ha doblado con respecto al curso anterior. En estos momentos se ofrecen clases de guitarra flamenca, piano, violín, violonchelo, lenguaje musical y coro e iniciación. La guitarra y la iniciación son novedades con respecto al año pasado.

El profesor de guitarra es Salvador Andrades, que trabaja con unos 35 alumnos. Unos 40 aprenden piano, 30 con Germán Orozco y diez con la rusa Vera Yaminova, que también se encarga de las clases de lenguaje musical y coro. Orozco, por cierto, también se centra en la iniciación de unos diez pequeños de cuatro y cinco años. Unos diez alumnos también hay tanto en violonchelo, con Luis Fildelfi de profesor, como en violín, que enseña Daniel Valencia.

Entre los alumnos se pueden encontrar los críos de la iniciación -a los que Orozco empieza a familiarizar con la música y a motivar su interés- y también adultos, que nunca es tarde para empezar a tocar un instrumento. Desde octubre y hasta el mes de junio acuden a las clases que se imparten en la sede de la Fundación José Luis Cano por las tardes. Todos van a lenguaje musical, para saber leer una partitura, y cada uno tiene clases individuales de su instrumento.

El edificio de la Fundación no es el más adecuado para las clases musicales. El proyecto de la adecuación y la mudanza al colegio San José de Calasanz está aprobado por el Gobierno con cargo al Fondo Estatal de Inversión. Es decir, debe estar acabado este año, aunque no hay una fecha concreta. "Cuanto antes nos podamos trasladar, mejor", anuncia Nieto.

Otro aspecto reseñable es el horizonte que se abre con la posibilidad de que en la escuela municipal los alumnos puedan obtener la titulación de grado elemental, una medida aprobada por la Junta de Andalucía no hace demasiados días. La edil de Cultura explica que valorará la situación cuando estudie a fondo los términos de tal autorización. Orozco, por su parte, entiende: "Sería interesante trabajar en una doble vertiente, con las personas que se quieren dedicar a la música por placer y, por otra parte, realizar una enseñanza paralela en una dirección más académica y profesional".

La escuela se dirige a un escenario muy mejorado cuando disponga de sus nuevas instalaciones. Sus responsables esperan ganar cada día en alumnos y acercar la música a la población, ya sean jóvenes o mayores.

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