Posmodernidad erótico-festiva

Dirigida por el británico David Leland, a quien habíamos perdido la pista desde la interesante Si estuvieras aquí (1987), Aprendiz de caballero nos sitúa en la Italia del Renacimiento durante la época de la peste negra. Allí, un grupo de jóvenes florentinos en celo protagonizan varias historias acerca del amor y la aventura entre bosques, caminos, palacios, iglesias y conventos. Lorenzo de Lamberti (Hayden -Anakin Skywalker- Christensen), un rufián siempre metido en trifulcas de espadas y devaneos amorosos, se hace pasar por jardinero en un lúbrico convento para esconderse de Gerbino de la Ratta (Tim Roth), un codicioso y despiadado noble que ha puesto precio a su cabeza. Ambos se disputan el amor de Pampinea (Mischa Barton), virginal doncella a la que espera un matrimonio arreglado con un conde ruso.

Adaptación muy libre de El Decameron de Boccaccio a ritmo de música pop-rock y con reparto internacional al más puro (y viejo) estilo del europudding, Aprendiz de caballero nos devuelve de golpe, y con un sonrojante y poco afortunado barniz posmoderno (al estilo Plunkett & MacLane o Destino de caballero), al temblor de aquel cine erótico-festivo e ingenuo que hizo furor en las pacatas carteleras europeas de los setenta. Y no hablamos de Pasolini precisamente.

Menos graciosa de lo que se cree, más paródica de lo que pretende, definitivamente ingenua y tontorrona en su planteamiento de reciclaje de la Historia en clave pop y para públicos jóvenes, Aprendiz de caballero viene a engrosar la lista de cine prescindible que se cuela cada semana en la cartelera. Y mira que nos gustan las canciones de Micah P. Hinson.

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