Pablo Carbonell se doctora en el Florida con '¡Sin paga, nadie paga!'

  • El actor gaditano provoca un reguero de risas y un éxito de público con la obra escrita por Darío Fo

El humor bien hecho es sinónimo de éxito. La sonrisa dibujada es más que un triunfo y hacer reír el premio de los cómicos. Desde luego el teatro Florida quizás registró ayer, en la doble sesión de ¡Sin paga, nadie paga!, la obra de mayor humor de cuantas han pasado por el reinaugurado templo de las artes escénicas de Algeciras. No había excusa para no pasar un buen rato, probablemente todos los que compraron la entrada sabían que así sería. El patio de butacas estaba al completo.

El nombre de Pablo Carbonell ya invita a saborear el éxito, sin embargo el elenco que acompañaba al gaditano no desmerecía en absoluto la altura de los chistes, de los gestos de humor y de la agilidad verbal para conjugar "la gracia perfecta". Ana Ruiz, actriz sevillana, derrochó energía, desparpajo y un saber estar en las tablas, pero en las de hacer reír especialmente, que provocaron las primeras buenas impresiones a un público ávido de respirar y sentir la obra.

La escenografía, ya de entrada, destacaba ponderosamente. Una especie de comunidad de vecinos, separadas por escaleras, que mostraba la casa del matrimonio protagonista Antonia y Juan, interpretados por Ruiz y Carbonell. A la misma no le faltaba detalles, los efectos de sonido acompañaban al milímetro cada gesto. La cocina, con su nevera, la guitarra de él colgada en la pared, la cama de matrimonio, incluso el armario, todo sin paredes. El elenco lo completaban Leire Ruiz, como Margarita; Carlos Heredia, que se enfundó en varios personajes como el sargento, el enterrador, el viejo o el policía; e Israel Frías, que se hacía pasar por Luis.

Los problemas económicos centraban la trama, siendo una obra escrita por el Premio Nobel de Literatura Darío Fo en la década de los 70, que ha sido revisada y adaptada a la actualidad por el propio autor y su mujer, Franca Rame. La obra, con carácter premonitoria, impulsa a la vez que recoge un hecho que tuvo lugar en un supermercado motivado por un alza incontrolable de los precios. El paro y la crisis hacen el resto, el detonante perfecto para esta desternillante comedia al servicio de la realidad más cotidiana.

La imagen disparatada e hiperactiva de Ana Ruiz, la capacidad de evocar y atrapar de Pablo Carbonell pusieron pólvora para encender las carcajadas de un público que no sólo veía y saboreaba cada escena sino que intentaba participar con los intérpretes. El mal uso de un hielo por parte del gaditano provocó el primer estallido de humor descontrolado, que vino más tarde acompañado de un sentido aplauso cuando al caerse un pequeño objeto -algo externo al guión- simuló bajar unas escaleras, sobre sí mismo, para recuperarlo, todo un maestro de la interpretación, de la agilidad teatral y de la improvisación de cara al humor.

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