Crónicas ciudadanas

Opinión: El teatro como excusa

  • El patrimonio olvidado. Las administraciones deben de apostar por nuestro legado histórico. No podemos permitirnos tener cerrado seis años una de las grandes joyas

ESTA ciudad ha crecido en un espacio tan reducido que se ha visto obligada a superponer las distintas etapas de la historia por las que ha pasado. Una circunstancia que ha provocado que a pesar de sus tres mil años de existencia queden pocos vestigios en pie más allá de lo construido desde el siglo XVII.

Que se localice una pieza fundamental en la trama urbana de una de las épocas de mayor gloria de la ciudad, la dominación del Imperio Romano, debería de ser causa más que suficiente para que lo localizado se mimase y se convirtiera en un referente del Cádiz del siglo XXI, donde el turismo y la cultura marcan sus pasos. Y si, encima, lo que ha salido a la luz es nada más y nada menos que el segundo mayor teatro romano localizado en la antigua Hispania, tenemos por delante una joya que como tal hay que cuidar y atender sin ningún tipo de excusas.

Pero estamos en Cádiz, la ciudad donde su patrimonio apenas se valora, donde las administraciones defienden un modelo urbano en el que la recuperación física de su historia no entra dentro de sus prioridades, una ciudad en la que una mayoría de sus vecinos ignoran lo que tienen o son indolentes a la hora de luchar por ello.

La Junta de Andalucía acaba de reabrir el Teatro Romano tras seis años de cierre. Ha sido una apertura más dolorosa que un parto, llena de incumplimientos de fechas y, al final, con todo a medio hacer, porque no se ha querido o sabido aprovechar este largo periodo de tiempo para poner el Teatro en su punto. Por contra, se reabre con mucho trabajo pendiente, con demasiado por hacer. Con muchos compromisos y ambiciosas promesas de trabajo a ejecutar, realizada por la misma administración que ha tardado tres décadas en ofrecer lo que ahora ofrece.

Resulta inexplicable que el Teatro Romano de Cádiz se ofrezca al visitante tal y como éste lo puede encontrar desde ayer. Se ha trabajado y mejorado en la galería, se ha preservado mejor el graderío y se ha abierto un nuevo acceso desde la Posada del Mesón, cierto. Pero nada más para tanto tiempo.

Encima, se ofrece al visitante, y a la propia ciudad, un Centro de Interpretación venido a menos, respecto a lo que se diseñó en un principio. ¿Es que un teatro de este calibre no merecía y merece una mayor atención pública, un presupuesto adecuado a lo que representa en nuestra historia?

Dan miedo los nuevos compromisos de la Junta una vez visto como ha tratado, maltratado, al segundo teatro romano en España. ¡Qué habría pasado si éste se hubiera localizado en Sevilla o Málaga! Que nadie dude que hubieran llovido los millones.

Otra cosa son los horarios de apertura: no parece lo más lógico cerrar las puertas en pleno verano a las cinco de la tarde, cuando son muchos los que pasean por las calles a partir de las siete u ocho, tras una jornada de playa.

No es éste un lamento de catálogo. En lo que refiere al patrimonio cultural (por limitarnos hoy a ello) Cádiz ha estado abandonada a su suerte. Y teniendo en cuenta que tenemos un Ayuntamiento, el de ahora y los de antes, escaso en fondos y en ideas para promover la cultura en la ciudad, más que suerte es mala suerte.

Hay un listado demasiado largo de equipamientos culturales con el cartel de 'pendientes', en manos de varias administraciones: la ansiada tercera fase de la ampliación del Museo de Cádiz, parada desde hace dos décadas y cuyo último fiasco ha sido el anexo de la Casa Pinillos; la puesta en uso del castillo de San Sebastián; la recuperación ciudadana del frente de la Puerta de Tierra, baluartes incluidos; el Centro de Estudios Constitucionales, que era el gran compromiso de la Junta para el Doce y que nunca salió a delante, quedando en un pequeño centro de interpretación que languidece día a día: el Oratorio, desaprovechado como centro público por el actual Obispado; o la maltratada ruta arqueológica (con partes de la muralla medieval, incluida la única torre que sigue en pie, escondida dentro del antiguo Hospital de San Juan de Dios).

Por ahí aguantan los esfuerzos particulares que promueven la recuperación del convento de Santa María (otra joya de nuestro patrimonio que está a punto de perderse), o que sacan a la luz a través de las redes sociales el estado de edificios y monumento, pasando por particulares que indagan las entrañas de la ciudad sin apoyo público o promueven mantener la memoria de nuestra historia, como ocurre con lo pasado el 18 de agosto de 1947. Sería bueno que quienes tienen el poder observen a estos ciudadanos particulares y aprendan de ello. Como deberían de aprender aquellos vecinos que ignoran la riqueza de una ciudad que es algo más, y perdón por lo obvio, que el fútbol, el carnaval y la playa.

Post data: Si de verdad la Junta está dispuesta a apostar de una vez por todas por el Teatro Romano de Cádiz, lanzamos una idea que ya desde estas páginas hemos planteado en más de una ocasión: que se busque una nueva y mejor ubicación al edificio de la guardería municipal de la calle de San Juan de Dios y que se derribe el viejo inmueble sin ningún valor histórico. Bajo su suelo se da continuidad al Teatro de los Balbo y, también, a los restos del Castillo de la Villa, otro de esos legados de nuestro patrimonio tan absurdamente perdido.

Es una decisión puramente política con un claro beneficio comunitario: un nuevo centro educativo en condiciones y la recuperación de nuestro legado histórico con todo lo que ello supone si se sabe aprovechar. Que, al final, es otro de nuestros problemas.

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