Ópera de jabón o cine para mujeres

Historias de cónyuges muertos que se inmiscuyen en las vidas de sus viudos o viudas hay unas cuantas en la historia del cine, la más divertida de las cuales tal vez sea Un espíritu burlón de David Lean (adaptando una obra de Noel Coward), la más popular Ghost de Jerry Zucker y la más fallida la Always de Spielberg en la que Audrey Hepburn nos dijo adiós (cosa que ya había hecho mucho mejor, una década antes, en el conmovedor final de Robin y Marian).

Posdata: te quiero se sitúa a medio camino entre lo real y lo fantasmático, porque el marido muerto ayuda a rehacer su vida a su viuda (se ve que el hombre era menos egoísta que el divertido y bello fantasma de Kay Hammond intentando gafar el segundo matrimonio de su cínico viudo Rex Harrison con la no menos bella Costance Cummings en la antes aludida película de Lean). Richard LaGravanese, prestigioso guionista de El rey pescador, Los puentes de Madison o El hombre que susurraba a los caballos, y menos reconocido realizador de Diarios de la calle, ha urdido, a partir de una novela para mujeres, una película para mujeres. ¿Políticamente incorrecto? No. Es lo que entre los años 30 y los 50 se llamaba soap opera (ópera de jabón) -seriales radiofónicos o televisivos que, por estar destinados a las mujeres, incluían casi exclusivamente publicidad de productos para el hogar- y hoy se puede llamar prensa rosa o culebrones (y, en versión borde, Sexo en Nueva York).

Apenas mantenida a flote por la siempre agradecida intervención de Kathy Bates y la correcta interpretación de Hillary Swank, además de adornada por la presencia de unos buenos mozos, las peripecias de la viuda epistolarmente ayudada por su difunto es muy apropiada para estos tiempos que, por temor a la muerte, han borrado el duelo: el muerto al hoyo y la viva al músculo. Bonita fotografía, música melosa, ciudades atractivas y paisajes hermosos completan la postal.

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