Letras hoy

Ojalá mi corazón fuese de piedra

  • El sello Mondadori recata el último trabajo del estadounidense Cormac McCarthy, 'El Sunset Limited', uno de esos escritores que son eternos aspirantes al Premio Nobel

Aunque Cormac McCarthy llamara la atención desde el principio -El guardián del vergel (1965) recibió el Premio Faulkner a la mejor primera novela-, su carrera internacional no despegaría hasta dieciséis años después gracias a una propuesta tan insólita como turbadora: Meridiano de sangre (1981), un western brutal que se desarrolla en el territorio fronterizo entre Estados Unidos y México a mediados del siglo XIX, una geografía extrema en la cual el escritor acotaría un espacio personal, inconfundible, para sus obras sucesivas. De Meridiano de sangre se recuerda, en especial, la inquietante figura del juez Holden, un gigantón de dos metros de alto y ciento cincuenta kilos de peso, de piel lisa, como de niño pequeño, y el alma de un carnicero. El juez Holden personifica cuanto de malvado hay o puede haber en el ser humano y McCarthy lo utiliza para reflexionar cuán difícil es ser medianamente decente en este mundo. Frente a los empellones de un cinismo galopante, este autor defiende tenazmente una ética mínima para estos tiempos de atropelladores sin escrúpulos.

En esa tierra en el confín, McCarthy ambientó otra empresa de enjundia, la Trilogía de la frontera, integrada por tres títulos de lectura independiente, que empero ganan mucho de leerse respetando escrupulosamente el orden cronológico: Todos los hermosos caballos (1992), En la frontera (1994) y Ciudades en la llanura (1998). Este ciclo narrativo parece darse por zanjado tras la publicación de una de sus novelas más conocidas entre el público lector --en parte debido a su adaptación cinematográfica-: No es país para viejos (2005), otra historia de violencia en la cual despunta un digno heredero del demoníaco juez Holden, Anton Chigurg, un tipo sagaz, despiadado, que liquida a sus víctimas, cual reses, con una pistola de aire comprimido. A pesar de haber abandonado el territorio de la frontera, el universo creativo de McCarthy ha seguido en el límite. La carretera (2006), que le reportó el Premio Pulitzer, cuenta el éxodo de un hombre y su hijo a través de un paisaje apocalíptico tras unas promesas de salvación muy tenues. En ese futuro post-atómico, el hombre es literalmente un lobo para el hombre; un lobo sanguinario. Todo está en contra de esa ética indispensable que señalábamos en el párrafo anterior y, sin embargo, ni siquiera entonces se puede ceder. En cierto momento, el protagonista exclama: "Ojalá mi corazón fuese de piedra". Pero no lo es, dice McCarthy, ni debiera serlo, añade.

El mismo año en que publicó La carretera -aunque, entre nosotros, haya sido editada ahora-, McCarthy escribió El Sunset Limited, un tenso diálogo entre dos hombres desprovistos prácticamente de atributos. De uno sabremos que es blanco y trabaja como profesor; del otro, que es negro (no afroamericano, no "de color", negro) y que ha estado en la cárcel. El primero ha intentado acabar con todo de una vez por todas arrojándose al paso de un tren: "Hice los cálculos -explica-. A ciento diez kilómetros por hora el tren es más veloz que las neuronas. Debería ser totalmente indoloro". El negro le ha salvado la vida. Al menos, de momento. La conversación se desarrolla en la habitación del segundo. Se siente responsable del otro y se lo ha llevado consigo, lo invita a tomar a café, a comer algo, a hablar; le hace preguntas, algunas banales, otras punzantes; lo insta a quedarse, a no salir al exterior y verse nuevamente solo. Por desgracia, según avanza la plática, va quedándose sin recursos, sin argumentos, sin conseguir convencer al otro.

El duelo gira en torno a las ideas contrapuestas de la fe y el escepticismo. Para el aspirante a suicida, nada tiene sentido ni merece realmente ningún esfuerzo: "Cuando leemos la historia de la humanidad estamos leyendo una saga de derramamiento de sangre, de codicia y de locura, cuyo alcance nadie puede imaginar. Aún así, imaginamos que el futuro será de alguna manera distinto. No tengo ni idea de cómo estamos aquí todavía, pero lo que es seguro es que no vamos a durar mucho más". Para el buen samaritano, infierno y paraíso están dentro de nosotros: "La luz está en todas partes, lo que pasa es que usted no ve más que sombras alrededor. Y la sombra es usted. Usted hace la sombra", le responde. Al silencio de dios de uno, el otro contrapone un dios que solamente habla a quien quiere escuchar. Los personajes van dejando caer cargas de profundidad a su paso en un ejercicio de esgrima dialéctica que recuerda a Dostoievski antes que a Shakespeare: "Yo creo que el que se hace preguntas quiere saber la verdad. El que duda quiere que le digan que eso no existe", sentencia el negro en unas líneas admirables. El compromiso ético, recuerda Cormac McCarthy, es una roca que hay que empujar montaña arriba un día tras otro. Unas veces será una tarea llevadera; otras, insoportable. Pero no debemos cejar.

El final de El Sunset Limited, que no revelaré, es antológico.

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