Objeto de una mirada escrutadora

  • A Carol Caicedo le interesa más el aspecto psicológico de los ciudadanos y sus ambientes, los asuntos sociales, sus intimidades, sus imposibles encuadres observados en la distancia

Una de las imágenes de la madrileña Carol Caicedo. Una de las imágenes de la madrileña Carol Caicedo.

Una de las imágenes de la madrileña Carol Caicedo.

No me duelen prendas afirmar que una de las programaciones expositivas más importantes de cuantas existen en nuestro país sobre fotografía es la que tiene lugar en la Sala Kursala, ese espacio expositivo que la UCA posee en lo que es la Facultad de Letras en Cádiz y que, con mano sabia y rigurosa, dirige Jesús Micó. Sin solución de continuidad, hasta los antiguos cuarteles que miran hacia la inmensidad del Atlántico llegan muestras de gran importancia, asuntos de una fotografía moderna y autores que son verdaderos fotógrafos y no esos aficionadetes que hoy se creen artistas inmensos porque han tenido la suerte -o la desgracia- de tener muy a mano algo con lo que hacer fotos. Además, la fotografía que se presenta en la Kursala de la Universidad de Cádiz cuenta con el importante aporte editorial de un magnífico libro catálogo -Cuaderno de la Kursala-, cuya trascendencia es unánimemente valorada y son, ya, verdaderos objetos de deseo y piezas de coleccionistas.

Hay que decir, no obstante, que Jesús Micó ha tenido la gran suerte de que sus acertadísimas propuestas no hayan caído ante la miope visión del responsable de turno que, vacío de sensibilidad y escasas luces, mira para otro lado. El fotógrafo gaditano ha encontrado personas interesadas que han visto la importancia de lo que se presentaba y, cosa poca habitual, han confiado en la experiencia y sabiduría del que de esto sabía y han abierto las puertas a una proposición que está escribiendo una bella historia en el discurrir expositivo de la Universidad de Cádiz.

La exposición que ocupa la sala del Paseo Carlos III nos conduce por el esclarecedor trabajo, mitad reportaje, mitad estudio sociológico, de la artista madrileña Carol Caicedo, una joven fotógrafa que ya ha sabido encontrar un sitio en los complejos estamentos de la fotografía moderna y que ha ocupado lugares de absoluto reconocimiento en los mejores ambientes de esta modalidad artística. El título de la exposición, Cabestro, está tomado de la plaza de Cabestreros, actualmente rotulada como plaza de Nelson Mandela, un lugar céntrico del Madrid tradicional, el barrio de Lavapiés, hoy un lugar donde conviven personas llegadas de los más dispares países del mundo, con sus credos diferentes, sus ideologías, sus costumbres y su absoluta multiplicidad. Un lugar que el propio desarrollo existencial de la moderna ciudad ha hecho que se encuentre vigilado las veinticuatro horas por cámaras policiales. La artista, en este último sentido, ha realizado un proyecto por el cual ha fotografiado insistentemente la plaza para, en lugar de apresar la problemática como hacen las cámaras, aprehender la realidad existente en un espacio de convivencia, de fortuna multicultural, de problemáticas más o menos solucionables, de rarezas, de ingenios... en definitiva, de realidades sociales, contrapuestas y encontradas, de una especie de ciudad cosmopolita dentro de una urbe gigantesca que la observa expectante.

Carol Caicedo, sin embargo, no se deja llevar por la literalidad del espacio que fotografía; no se centra en la pura dimensión estética, en la exuberancia colorista de los posibles modelos, en el mero aspecto diferencial de sus gentes y sus actitudes; le interesa más el aspecto psicológico de los ciudadanos y sus ambientes, los asuntos sociales, sus intimidades, sus imposibles encuadres sólo observados en la distancia. Por eso, las gamas cromáticas desaparecen casi en su totalidad; el gris lo domina todo, unifica una existencia que, tras las múltiples apariencias, existe un espacio unificador que plantea muchas más sombras que luces, muchos más miedos que alegrías vivificadoras.

Estamos, en definitiva, ante una fotografía consciente, meditada, con carácter, sabia y edificante. Carol Caicedo es una fotógrafa que pisa fuerte en un territorio inestable y que deja abiertas las máximas expectativas de un arte que ella sabe darle un especialísimo sentido.

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