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El Nobel que nadie quiso

  • Una veintena de editoriales rechazan publicar el libro de un premiado francés, Claude Simon

Claude Simon. Claude Simon.

Claude Simon. / e.s.

Una obra maestra, 19 editoriales francesas y un escritor con ganas de demostrar que "hoy, el libro de usar y tirar es el que hace furor". Esos son los ingredientes de una singular noticia: esa veintena de editoriales rechazaron 50 páginas de la novela Le Palace (1962), obra del premio Nobel de Literatura de 1985 Claude Simon.

La obra fue enviada bajo anonimato por un admirador, el escritor Serge Volle, que hizo una apuesta con un amigo suyo, un conocido escritor. "Discutíamos sobre la literatura y las editoriales. El me dijo que ningún editor publicaría hoy a Claude Simon y yo quería comprobarlo por mí mismo", explicó Volle a la emisora pública France Inter.

Con esta trampa, pretendían, además, "sondear de alguna manera la calidad de los que presiden los comités de lectura en las pequeñas y grandes casas de edición".

Para ello, el instigador de la apuesta envió bajo anonimato 50 páginas de Le Palace a 19 editoriales. La obra está inspirada en la experiencia de Simon junto al bando republicano en la Guerra Civil Española y es considerada de las mejores del autor.

Los resultados hablan por sí solos: siete editores no respondieron a la propuesta del escritor fallecido en 2005, mientras que 12 la rechazaron. Uno de ellos descartó el texto, de acuerdo con Volle, porque "las frases no tienen final, haciendo que el lector pierda totalmente el hilo" y por la falta de "personajes bien diseñados". Algo de razón llevaba: Claude Simon pertenece al Nouveau Roman (Nueva Novela), un conocido movimiento vanguardista que se opone a las nociones de personaje y de trama e integrado además por Alain Robbe-Grillet, Michel Butor y Nathalie Sarraute, entre otros.

Con esta argucia, Volle acusó a las editoriales de buscar creaciones del corte best-sellers, un tipo de literatura de fácil lectura en el que la trama tiene más peso que la calidad de la escritura.

Para ilustrar su denuncia, el instigador de la trampa consideró oportuno parafrasear al también escritor francés Marcel Proust (1871-1922), quien afirmó "antes de escribir, sean famosos".

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