Nobel inesperado para Jean-Marie Gustave Le Clézio

  • La Academia sueca premia al escritor francés, relacionado con la 'noveau roman' y epígono del existencialismo · El jurado lo define como "explorador de la humanidad" y del "éxtasis sensual"

El francés Jean-Marie Gustave Le Clézio obtuvo ayer el Nobel de Literatura 2008, premio dotado con un millón de euros. El fallo del jurado devolvió así a Francia -el país más reconocido en la historia, con 14 galardones- la distinción más prestigiosa de las letras universales. En su comunicado, la Academia definió a Le Clézio, de 68 años, como un "autor de nuevos rumbos, de la aventura poética y del éxtasis sensual" y elogió su condición de "explorador de la humanidad, dentro y fuera de la civilización dominante".

Partiendo de los estertores del existencialismo y del nouveau roman, señala el comunicado emitido en Estocolmo, el autor, uno de los más prolíficos vivos en su lengua, ha conseguido "rescatar las palabras del estado degenerado del lenguaje cotidiano y devolverles la fuerza para invocar una realidad existencial". Su elección sorprendió al mundillo literario, en el que este año sonaba como candidato especialmente fuerte el italiano Claudio Magris. Similar desconcierto se vivió el año pasado, con el premio a la británica Doris Lessing y, mucho mayor, hace cuatro ediciones, con la austríaca Elfriede Jelinek. Mario Vargas Llosa debe seguir esperando.

El escritor recibió la noticia en una escala en París, fiel a su fama de viajero impenitente. "Escribir no es sólo estar sentado en tu mesa contigo mismo. Cuando estás en la posición del escritor se percibe mejor el ruido del mundo, vas al encuentro del mundo", aseguró el literato, afincado en Nuevo México y enamorado de la cultura hispanoamericana, en una multitudinaria rueda de prensa celebrada en la capital gala.

Serio pero bromista, austero pero generoso en sus respuestas, el nuevo Nobel afirmó que no esperaba ser galardonado, agradeció los elogios de la Academia sueca e incluso se mostró un tanto avergonzado por haber tenido "esta gran suerte". Habló poco de su obra y de sus influjos, aseguró que busca "una cierta ingenuidad y frescura" cuando escribe y reveló con seguridad sus fuentes de inspiración: "Una mezcla de mis recuerdos de infancia, de mi vida de adulto y de lo que constato en cada instante. Mis fuentes están en la realidad".

Cuando la mañana de ayer sonó su teléfono, estaba leyendo La dictature du chagrin, de Stig Dagerman, y aprovechó la ventana que le abrió el premio para recomendar la literatura como antídoto para los problemas que atraviesa la sociedad, desde la crisis económica a "la tendencia excesiva a destacar el peligro que representan los extranjeros". "Leer novelas -continuó- es una buena forma de interrogar al mundo sin que el resultado sean respuestas demasiado esquemáticas. El novelista no es un filósofo, no es un técnico de la lengua, es alguien que hace preguntas y si hay un mensaje que quiero enviar es que hay que hacerse preguntas", señaló.

Le Clézio, que publicó recientemente Ritournelle de la faim, recibió la noticia con "naturalidad" y no cree que el prestigio del galardón cambie su vida. "No me voy a parar por esto. Creo que ahora todo va a ser más sencillo. La Academia me ha regalado tiempo", dijo el escritor, que no ha hecho otra cosa en su vida que escribir y viajar. Con siete años completó dos obras en el barco que le llevaba rumbo a Nigeria, donde su padre, médico de origen británico, había sido destinado durante la Segunda Guerra Mundial. Con 23 recibió el premio Renaudot por Le procès verbal y con 40 la Academia Francesa galardonaba su novela Désert como la mejor del año. En 1994, una encuesta organizada por la revista Lire le señalaba como el mejor escritor francés vivo.

Trabaja, explicó, para "testimoniar", aunque vive "la paradoja del escritor, que le gustaría escribir para la gente que muere de hambre pero en realidad escribe para gente que tiene suficiente para comer". De esa paradoja el escritor "no logra recuperarse", se lamentó este existencialista cuya obra se ha vinculado a las de Georges Perec y Michel Butor, aunque él prefiere no encasillarse en ninguna corriente.

Le Clézio recibió ayer la felicitación de sus editores españoles (Cátedra, Seix Barral, Tusquets), de colegas como Juan Goytisolo y de estadistas como el presidente francés, Nicolas Sarkozy. De su obra, recomienda Pawana, de 1999, "una larga historia que narra un pequeño combate ecológico contra la construcción de una planta de explotación de sal en México". Y, en cualquier caso, el autor no prevé abandonar alguna vez la escritura. "Tengo la superstición -dijo- de que mientras tienes un manuscrito entre manos te mantiene con vida, al menos, hasta que lo terminas".

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