Miss sufrimiento

Protagonizada por la gran estrella del cine de Bollywood, otrora Miss Mundo de ojos grandes, Aishwarya Rai, Provoked no debió salir nunca de su circuito natural de consumo, a saber, la programación de sobremesa de cualquier canal de televisión en abierto. Y es que su condición de melodrama barato y artero la limita y asfixia hasta tal punto en que se hace difícil entender su estreno en la gran pantalla más allá de delirantes políticas de exhibición o de coartadas temáticas de rabiosa actualidad como la violencia de género, la inmigración o la multiculturalidad en la Europa de hoy.

Lo cierto es que aquí la tenemos, a mayor gloria de un guionista caprichoso y sádico, empeñado en concentrar todos los tópicos posibles sobre el macho violento, la esposa abnegada y sufridora, la camaradería carcelaria y el triunfo final de las buenas causas sociales, caiga quien caiga, arda quien arda. La mecánica de su historia de sufrimiento, justicia y superación se adivina desde el minuto uno, en el que asistimos al crimen (la esposa que decide quemar a su marido después de soportar innumerables abusos y vejaciones) que pondrá en bandeja el encarcelamiento, la convivencia entre rejas y el proceso judicial, salpicado de torpes flash-backs explicativos, que reivindicará la lucha de la mujer (inmigrante, analfabeta) en las condiciones más adversas. Ni que decir tiene que Jag Mundhra, director de la función, cree a pies juntillas en las simplezas y estereotipos del libreto, que filma con una rutinaria y no menos televisiva puesta en escena que haría sonrojar incluso a los realizadores de Escenas de un matrimonio. La Rai se nos antoja tan mala actriz dramática como demasiado glamurosa para un papel como el que le toca, mientras que las siempre solventes Miranda Richardson (Juego de lágrimas) y Rebecca Pidgeon (El caso Winslow) desfilan por la cinta con esa inconfundible sensación de querer terminar pronto sus ridículas escenas.

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