Miguel Ángel Perera corta una oreja

  • El matador extremeño, muy firme y con empeño, convence con su lote y triunfa en el último toro del serial mientras que Finito y Rivera Ordóñez se van de vacío en una corrida de Parladé sin transmisión

Domingo de resaca taurino, con los efectos secundarios de lo de José Tomás del día anterior, en una tarde en la que la plaza parecía otra, con mucho cemento y poco glamour.

Festejo gris, insulso, de un lado el escaso calor del poco público asistente, del otro la poca chispa de la corrida de Parladé, justita de presencia y raza, que fue manejable pero sosa, sin transmisión a los tendidos, provocando la abulia general.

Pero hubo dos excepciones, la primera los tres goles del Jerez, que llegaron para la alegría del respetable. La segunda excepción, y más notable, fue Miguel Ángel Perera, que sí que le echo ajo al pique y demostró el buen momento en que se encuentra arrimándose y poniendo toda la carne en el asador en sus dos toros, y porque pinchó al primero de su lote, con el que también pudo tocar pelo.

Finito tuvo un primer toro noble pero sin transmisión y aunque se estiró y templó no terminó de alcanzar ese punto de entusiasmo del tendido. Hay que añadir que por la izquierda nada hubo. Algún pasaje bonito pero nada más.

El segundo del lote del cordobés, mal picado, sencillamente necesitaba que le empujara alguien por detrás para embestir, como los coches que no arrancan. Finito lo pasaportó sin más.

Rivera convenció a quienes le pidieron la oreja de su primero. Puso empeño ante la sosería del animal en una faena sorda que no consiguió arrancar la música. Su segundo, mal picado y peor banderilleado, fue un animal insulso que mereció un trasteo de la misma naturaleza. Al final el torero consiguió animar al público y que sonara la música pero ya para el natural no había toro y se deshizo la labor.

Lo mejor hay que anotárselo a Perera, que estuvo muy bien con sus dos toros, ya se ha dicho que buscando terrenos comprometidos y ligando muy en corto.

Fue capotero solvente en su lote, destacando por temple y cadencia los lances de recibo a su segundo.

En su primero las series por la derecha eslabonada antes de buscar la cercanía para ligar muy en los terrenos del toro y en su segundo iniciando la faena con el toreo cambiado. Lo mejor el remate en este oro, muy cerca de la cara del manejable animal, ligando por bajo en un arrimón que solventaba con pinceladas con la zurda, con mucha torería, dejando buen sabor en la plaza.

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