Maga y Coppini se convierten en lo más memorable del Contempopránea

  • Los sevillanos, perfectamente acoplados con el vigués, deslumbran en Alburquerque con su revisión de Golpes Bajos, mientras Guille Milkyway se corona con La Casa Azul como rey del pop nacional

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Hay un tiempo para estudiar y otro para disfrutar, y el Contempopranea ha vuelto a revelarse como lo que es: la fiesta de fin de curso del pop y un evento de pasiones inmediatas. La conclusión que sobreviene al fin del festival es que el público que se congrega en la ladera del castillo de Alburquerque no echa de menos nombres anglosajones en el cartel.

Así, el viernes, con un auditorio más pendiente de las subsiguientes comparecencias de Lori Meyers o Sidonie, pasaron casi desapercibidos tanto Emma Pollock como Teenage Fanclub (TFC). ¿Es pecado? Depende. La ex Delgados cuenta con un cancionero de extrema sensibilidad, pero que no lució del todo, quién sabe si por esa carencia de química con un respetable que sí había vibrado poco antes con los cordobeses Deneuve y su Electromecánicas United, uno de los trallazos de la temporada. Mientras, TFC, enfundados en su rol de grupo-franquicia del brit-pop de los noventa, brindaron momentos de magia -ese Star sign- pero sin llegar a despegar del todo.

Las ganas de Lori Meyers evidenciaron el contraste entre aquellos que ya vienen de vuelta y los que insinúan no sólo una incipiente madurez, sino la definición de un estilo propio en el trillado ámbito del pop clásico. Su directo, protagonista de un estirón notabilísimo en sólo un año, ha crecido gracias a títulos como La búsqueda del rol y Alta fidelidad, esta última poseedora del mapa genético de los himnos generacionales.

Una lástima que el buen pulso que tomaba la noche se viese interrumpido por la actuación a medias de Sidonie. Todo indica que el combo catalán empleó parte de su tiempo en probar sonido, por lo que hubieron de dar por finalizada su comparecencia después del sexto tema, ocasionando un considerable enfado tanto al público como al grupo.

Lo malo es que tanto Niños Mutantes como Jet Lag vinieron a aportar poco o nada a la historia de un viernes salvado en última instancia gracias a una administración moderada de petardeo por parte de L-Kan. Viéndolos, cuesta entender por qué no se esmeran en la creación de más temas redondos como Todo lo que no.

Por suerte, el sábado aguardaban emociones fuertes. En un ambiente precalentado por el dúo sevillano Montevideo, Facto Delafé y las Flores Azules cautivaron gracias a su insólita propuesta de rap optimista y vitamínico. Tras ellos, otros maestros de la sensibilidad -que no de la sensiblería- como Camera Obscura; el único de los tres grupos extranjeros que se integró en el particular ambiente de Alburquerque, deslizándose por un repertorio que no deja lugar a las dudas y centrado en sus dos últimos discos, pero con el estreno de un tema inédito.

Aunque lo mejor de la noche, y de todo el festival, estaba por llegar. El oficioso duelo entre el directo clásico y técnico protagonizado por Deluxe y el más innovador y espontáneo de La Casa Azul, se saldó con una ligera ventaja para el grupo virtual de Guille Milkyway, bien por una ligera superioridad anímica de las canciones del catalán, bien porque las imaginativas proyecciones que permiten prescindir de banda, a cargo de Domingo Sánchez, son ya responsables de buena parte de la fortuna de La Casa Azul en directo.

Por cierto, de homenaje a Golpes Bajos, muy poquito. En realidad, no hacía ninguna falta, estando como estaba Germán Coppini quien, perfectamente acoplado con los sevillanos Maga, protagonizó los momentos más memorables de este Contempopranea, gracias a clásicos como Desconocido, Hansel y Gretel o la traca final de Malos tiempos para la lírica, utilizada para poner en guardia al personal: "¡Sed críticos, c…!"-clamó el vigués. Su actuación, huelga decirlo, no tuvo el sabor de las cenas recalentadas.

Los siempre brillantes juegos melódicos de Tachenko -que dedicaron El golf a Sergio Algora- precedieron a la musculosa aportación de Lagartija Nick en el cierre de un festival que, un año más, ha vuelto a colgar el sábado el cartel de no hay billetes. Enhorabuena.

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