Les Luthiers se recuerdan a sí mismos

  • El grupo de músicos y humoristas argentinos repasa en Algeciras los trabajos más emblemáticos de su carrera · La expectación aumenta conforme se acerca la actuación en el polideportivo cubierto

Marcos Mundsotck, una de las caras más reconocibles y carismáticas de un grupo que en España levanta pasiones desde hace décadas, advierte de que la obra que les trae de vuelta al país, con una más que esperada parada en Algeciras, el próximo viernes, es "una antología", en ningún caso el "resumen de una vida". "Es que nos ven ya viejitos, claro", piensa. Les Luthiers, el querido grupo cómico-musical, presenta su espectáculo Las obras de ayer, título que, al pronunciarse, produce una fonética ambigua (sobras), como recuerda el propio Mundstock.

Al otro lado del teléfono se escucha una voz castigada -"jodida", precisa- a consecuencia de un resfriado y de una gira con pocos descansos, a veces inexistentes descansos, entre una ciudad y otra. Las visitas de los argentinos son sistemáticamente seguidas por multitud de admiradores que no siempre comparten identificación generacional. "No queremos hurgar demasiado, preferimos no destripar la máquina", dice Mundstock a propósito del formidable éxito de Les Luthiers. Llevan juntos 40 años, 35 de ellos llenando grandes recintos, los otros cinco, como "fenómeno para minorías especializadas".

Las obras de ayer tampoco tiene voluntad de antología definitiva. "Cada tantos estrenos, solemos hace una recopilación o refrito. Es grato, porque se recoge en un solo espectáculo cosas que han demostrado ser buenas y fuertes. Es una especie de crema de los espectáculos de Les Luthiers. Durante una época temíamos repetirnos, pero más tarde nos dimos cuenta de que ni siquiera los expertos se acuerdan de ciertas cosas, así que funciona como un show nuevo", continúa Mundstock.

Por supuesto, en este montaje aparece el inefable maestro Johann Sebastian Mastropiero, de extraña e interesada fertilidad (espectacular cuando trabaja por encargo) y distinguida sentimentalidad (es conocida su propensión a relacionarse con lánguidas condesas), el músico apócrifo creado por Mundstock para homenajear y parodiar a los compositores clásicos. De su producción, Les Luthiers han elegido la Cantata de Don Rodrigo, la historia de un adelantado que llega por primera vez a una América... ya descubierta.

También, entre otros, harán los números El séptimo regimiento, su particular visión de las películas bélicas, ambientada en la remota guerra de Corea; recuperarán al impresentable predicador Warren Sánchez, representado aquí por un enviado suyo que se gana la vida vendiendo discos y libros a la salida de un teatro; interpretarán un tema "para cantante y mimos", ¿Quién conociera a María amaría a María? y otro de jazz...

Cuatro décadas de andadura y una denominación de origen que produce un importante volumen de negocio no han conseguido que los integrantes de Les Luthiers, "un grupo humorístico en el que la música juega un papel imprescindible", según la definición exacta de Marcos Mundstock, se aburran encima de un escenario. "La razón de que sigamos trabajando juntos es que somos, más o menos, buena gente y nos queremos como hermanos. Incluso para peleamos queremos estar juntos", bromea.

"Además, esta actividad ha sido para cada uno de nosotros un verdadero milagro, un privilegio compartido. Ser consciente de todo esto ayuda mucho en la convivencia", afirma. A Marcos Mundstock en particular, la voz de la formación, esta aventura le ha librado de ser "actor o escritor o locutor de radio", oficios queridos por él pero, sospecha el luthier, seguramente menos divertidos que el suyo, en el que puede llegar a estar tres años preparando su trabajo, a veces en colaboración con el escritor y humorista gráfico Roberto Fontanarrosa, ya fallecido.

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