Luis Bolívar, importante, le corta una oreja al único toro notable

  • El coso zaragozano fue testigo de una faena de mucha técnica y riguroso valor al único cornúpeta de Adolfo Martín que se prestó, aunque sin perdonar errores

Una oreja para el colombiano Luis Bolívar resume una importante faena de mucha técnica y riguroso valor, al único toro de la tarde que se prestó, ayer en Zaragoza

El único toro propicio fue el quinto. Un toro exigente, que sin perdonar errores resultaba agradecido cuando se le hacían las cosas bien. Ahí estuvo Bolívar, muy dispuesto y con las ideas muy claras. Fue faena importante por ambas partes: el toro prestó lo suyo y el torero lo aprovechó con gallardía.

Los otros cinco toros dieron poco de sí. Sin embargo, hubo cosas interesantes en la tarde.

El primero fue un toro noblón, pero sin voluntad de embestir. Paradito y sin recorrido. Valverde, que lo toreó muy bien con el capote, lo intentó después vanamente con la muleta. Llegó a ser derribado el torero durante el trasteo, por fortuna sin que la cosa pasara del susto. Valverde pinchó en el primer viaje con la espada, pero agarró después una estocada de manual.

El cuarto fue "un pájaro". Toro malo y con "guasa". Se ponía por delante, viniéndose cruzado y sin pasar. Valverde lo macheteó brevemente antes de meterle la espada de cualquier manera con el lógico enfado del tendido.

El primero de matador colombiano Luis Bolívar fue muy protestado, quizás no tanto por flojo como por chico. En cualquier caso, toro desrazado, que no caminó en la muleta.

Ya está dicho que el quinto fue el toro de la tarde. Aunque tampoco regaló nada. Había que estar enfrente con mucha firmeza. Bolívar, que lo toreó bien a la verónica en el saludo, le cuajó después una faena de mucho rigor.

Toro con brío, empujaba los engaños, pero había que acertar con él en la distancia, en la altura y en la velocidad. El colombiano estuvo perfecto. A veces faltó repetición en las embestidas, pero sueltos y todo los muletazos tuvieron su aquel.

Fue faena vibrante, con fondo de olés y, por supuesto, musicada (la única vez que se arrancó la banda en la tarde con un torero en acción). Y como colofón estocada letal. El "adolfo", patas arriba. La oreja que cortó Bolívar tiene mucho peso por las características del toro y por la forma de conjugar el torero valor y técnica, principales ingredientes de la faena.

"Serranito" bordó el toreo a la verónica en su primero, en unos lances ajustados, jugando muy bien los brazos y meciendo el cuerpo. La plaza lo celebró con alborozo, con notable jaleo de olés. Pero no respondió el animal en el último tercio. Del voluntarioso trasteo por parte del torero destaca sólo la rúbrica de una estupenda estocada.

El sexto de la suelta no terminó de humillar, ni de repetir. Embestidas muy irregulares, reponiendo constantemente. Algún muletazo suelto valió la pena, pero en conjunto, nada.

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