Lecciones de optimismo

No sería del todo justo equiparar a la entusiasta y optimista Poppy de esta Happy de Mike Leigh con la etérea, cursi y desideologizada Amèlie de Jean-Pierre Jeunet, tal y como han apuntado algunos detractores de la nueva cinta del director de Secretos y mentiras, Naked, y Todo o nada. Y es que, a pesar de su desbordante simpatía y de su mirada positiva al mundo que le rodea, Poppy (torrencial Sally Hawkins, Oso de Oro en Berlín) está situada en un auténtico contexto de clase que la acerca a ese significante estrato realista por el que siempre se ha movido con soltura el director británico.

Después de haber descrito con sutileza y profundidad las coordenadas imperfectas de las relaciones humanas en la sociedad británica de las últimas décadas (también en tiempos pasados: ahí están Vera Drake o la deliciosa e inédita Topsy-Turvy), Leigh parece querer dar un giro luminoso a su hasta ahora melodramática mirada para enseñarnos que también en el optimismo a tumba abierta reside una posible vía de conocimiento frente a las agresiones de la vida. Treintañera entregada a la amistad, la diversión y el buen rollito, Poppy es también una maestra responsable y concienciada, una joven sin demasiada suerte en el amor, una ingenua que, en todo caso, sabe muy bien dónde pisa y lo que verdaderamente se esconde bajo su hipertrofiada coraza de risas y generosidad.

Como estrategia de compensación, Leigh la enfrenta a la oscuridad del mundo real a través de un caso de bullyng y del personaje de un profesor de autoescuela racista e intolerante (estupendo Eddie Marsan), construyendo para Poppy un marco de relaciones en el que ser feliz no es tanto un ingenuo estado de ceguera como una actitud combativa. Happy es, en este sentido, toda una declaración de intenciones contra el prestigio social y cultural del pesimismo, un filme que espantará a los apóstoles de la severidad, la contención y el despojamiento.

Vencidos por la propuesta, incorporados a su universo, volvemos a reconocer aquí al Leigh gran director de actores dotado para desplegar un tono naturalista, fresco y vivo que busca identificaciones con la realidad en la mímesis realista, la observación, el gusto por el detalle y la reconstrucción de lo cotidiano. Sin embargo, nuestra complicidad no impide que veamos también las costuras y el armazón de su estructura dramática, la evidencia del esquema didáctico de su fábula moral (¡esa escena con el vagabundo!), el cálculo de un filme de tesis disfrazado de comedia para todos los públicos.

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