Kafka serie B

Drama existencial, Canadá, 2013, 90 min. Dirección: Denis Villeneuve. Guión: Javier Gullón. Fotografía: Nicolas Bolduc. Intérpretes: Jake Gyllenhaal, Mélanie Laurent, Sarah Gadon, Isabella Rossellini. Cines: Cinesa Los Barrios.

Se le nota demasiado el esfuerzo para ser original. Para que sea auténtica, y no impostura seudo autorial, la originalidad debe ser siempre un resultado, no un punto de partida; algo que se encuentra, no algo que se busca; una diferencia o una marca que define un estilo que, a su vez, surge como una necesidad expresiva determinada por aquello que se quiere decir o que pugna por expresarse, conduciendo al creador a las más innovadoras o arriesgadas invenciones. Por utilizar una terminología anticuada pero fácilmente comprensible: el fondo determina la forma hasta lograr que lo exprese. Es la lucha de lo que quiere ser dicho para decirse, de lo que quiere ser expresado para expresarse. Incluso podría decirse de lo que necesita ser dicho y expresado, porque los grandes cineastas crean bajo una urgencia expresiva que convierte la pesada maquinaria del cine en una materia maleable. Lo contrario, pretender ser original como punto de partida, suele conducir a la impostura, la pedantería y la retórica.

Es el caso de esta no desdeñable pero fallida película. Como casi todas las de Denis Villeneuve, un director tampoco desdeñable pero excesivamente preocupado por parecer un autor dotado de un mundo y un estilo propios, un intelectual comprometido con las realidades humanas o sociales más profundas. Esta preocupación daña su talento, que probablemente sea menor del que él cree tener y posiblemente sea mayor del que la mayoría de sus películas demuestran.

El tema del doble, que tantas grandes páginas ha dado a la literatura y alguna -no tantas- buena película ha inspirado, fue tratado por José Saramago en El hombre duplicado, en la que el guión de Enemy se inspira libremente. En su trasvase al guión la trama se hace prácticamente incomprensible a fuerza de querer ser esotérica, simbólica, terrorífica, desasosegante o lo que sea. Y en su trasvase a imágenes el guión se convierte en una estilizada serie de imágenes casi sepias que incurren en el esteticismo del agobio y en una narración que parece buscar su inspiración en el Polanski de El quimérico inquilino o el Nolan de Insomnio (la presencia obsesiva y opresiva de la ciudad y de su peculiar luz -muy manipulada- creando un círculo de aislamiento y locura en torno al personaje), con toques de su connacional Atom Egoyan o de David Lynch, más una gotitas de retorcimiento carnal made in Cronenberg. Todo para al final acabar en un Kafka serie B.

Más incomprensible que compleja, más oscura que profunda, más retórica que analítica, más fatigosa que creativa, Enemy triplica un vacío: el de su autor y el de los dos personajes muy bien interpretados por Jake Gyllenhaal. Las interpretaciones del buen reparto femenino se quedan apresadas en la poca credibilidad de sus personajes.

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