José Saramago termina 'El viaje del elefante', que verá la luz en otoño

  • La obra es un cuento épico basado en hechos reales, el viaje de un paquidermo de Lisboa a Viena en el siglo XVI · La traductora y esposa del autor, Pilar del Río, destaca su "compasión solidaria" y su ironía

José Saramago acaba de terminar su nuevo libro. Se llama El viaje del elefante y cuenta una historia real, el viaje épico de un elefante asiático llamado Salomón que en el siglo XVI viajó de Lisboa a Viena. "Por muito incongruente que possa parecer..." (Por muy incongruente que pueda parecer...) son las primeras palabras de la obra, una idea que arrastra Saramago desde hace más de diez años, cuando viajó a Austria y por casualidad entró en un restaurante de Salzburgo llamado El elefante.

El Premio Nobel de Literatura responde a través del correo electrónico desde su casa de Lanzarote, donde ha terminado su libro, muy recuperado ya de una enfermedad respiratoria que hizo temer por su vida. Más de una vez pensó que no llegaría a terminar esta obra, de alrededor de 240 páginas, que llegará en otoño a los lectores de habla española, portuguesa y catalana.

"Este cuento, prefiero llamarlo así mejor que novela, es lo que siempre pensé que debería ser. La enfermedad no ha cambiado nada", escribe Saramago, quien subraya que no quiere dramatizar "la situación del autor frustrado por algo más fuerte que su propia voluntad".

"Yo escribí mis tres últimos libros en la más deplorable situación de salud, nada propicia para sentimientos de alegría. Prefiero decir: si tienes que escribir, escribirás", agrega, tan severo como siempre.

El proceso de escritura se vio irremediablemente interrumpido por su dolencia, y oyéndole antaño relatar sus sensaciones cuando estaba al borde de la muerte muchos recordaron al violonchelista que protagoniza su novela Las intermitencias de la muerte, aunque él cree que la realidad no imitó a la ficción que el mismo había creado. "Las intermitencias de la muerte es una novela llena de humor e ironía, no recuerdo haber asumido la amenaza que acecha a mi violonchelista. Es cierto que ya estaba enfermo, pero logré levantar una valla entre el yo que escribía y el yo que sufría", recuerda José Saramago. Y es que el escritor portugués no sólo levanta muros entre su literatura y su vida, sino que es capaz de aislarse de todo lo que le rodea, hasta el punto de escribir en su ordenador portátil mientras en el sofá del salón varias personas mantienen una conversación a su alrededor.

Él lo cuenta así: "Recuerdo que parte de la novela Todos los nombres la escribí con obras en casa. Mientras los albañiles hacían su ruidoso trabajo y contaban chistes unos a los otros, yo, en la habitación al lado, separados sólo por un plástico que hacía de puerta, seguía construyendo las peripecias de mi personaje don José. Nunca los mandé callar. Ellos estaban en lo suyo, yo estaba en lo mío".

Según escribe su traductora y esposa, Pilar del Río, en la web de la Fundación José Saramago, El viaje del elefante es un libro coral donde entran y salen personajes que figuran en los manuales de historia junto a personajes anónimos, "gente con la que los miembros de la caravana se van cruzando y con la que comparten perplejidades, esfuerzos o la armoniosa alegría de un techo". Agrega la traductora, que también es presidenta de la Fundación Saramago, que "la compasión solidaria atraviesa la obra, la distingue y la significa". Y la ironía, el sarcasmo y el humor que el escritor emplea "para salvarse a sí mismo y para que el lector pueda penetrar el laberinto de humanidades en conflicto sin tener que abjurar de su condición indagadora de humano y de lector".

Si contiene alguna parábola es algo que han de decir los lectores, aunque sí desvela el autor que en este nuevo libro no hay personajes femeninos de la fuerza y el carácter de la Blimunda de Memorial del convento o la mujer del médico de Ensayo sobre la ceguera. El punto final a El viaje del elefante se lo puso el autor este último fin de semana. Ahora, afirma, está "en la resaca", tiempo que aprovecha para leer Diario de un mal año de Coetzee, otro Premio Nobel. E inmediatamente antes, recuerda el autor portugués, mientras escribía el suyo, leyó Cuando ya no importe, de Juan Carlos Onetti.

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