José Marín documenta el desgarro de la memoria histórica en su nuevo corto

  • El periodista algecireño reconstruye la historia real de su propio abuelo para poner en valor el papel de los olvidados del exilio · Juan Luis Galiardo se encarga de la narración de 'A las nueve menos cuarto'

El algecireño José Marín Jorge regentaba un bar. Su compromiso político le condujo a ser primer teniente de alcalde en Los Barrios con la República. En 1936, abiertas las hostilidades y en el convencimiento de que terminaría en el paredón, huyó con lo puesto. Escapó a Francia sin su mujer y sin sus seis hijos, que se quedaron durante 14 años sin esposo y sin padre. En ese tiempo José estuvo en Argelès-sur-Mer, Bram, Orleans, Auxerre, París y, finalmente, Tánger, donde dejó de ser considerado una amenaza sociopolítica y desde donde pudo regresar.

José Marín Jorge, en Francia, fue un detenido, un juzgado, un preso y, de nuevo, un fugado. Encajó complejas vicisitudes a cambio de librarse de la muerte. Lo peor, empero, resultó el desgarro de una vida rota. En 1945 escribió en una postal: "Voy sufriendo en país extraño las miserias del destierro, dolores y desengaños, y de lo que más me acuerdo es que veo pasar los años y me estoy haciendo un viejo".

El relato de los días de José Marín Jorge es la historia de los que fueron como él, de los que dejaron atrás lo que amaban por idéntico motivo. José escribió sus memorias en 1959. 50 años después uno de sus nietos se encuentra a punto de concluir un cortometraje documental con el que rehace los pasos exiliados del héroe anónimo para recuperar el recuerdo del antepasado y "poner en valor el papel de aquellos olvidados". Justo el nieto se llama como el abuelo. Es el periodista algecireño José Marín.

El filme se llama A las nueve menos cuarto, que fue la hora en la que se paró un viejo reloj de la marca Perfine que trajo el abuelo de Francia. José Luis y Alberto Benítez Marín, primos del autor, lo conservaron, junto con las memorias. Ambos fueron los precursores de una idea que Marín ha materializado en el documental. De la edición se encarga el argentino Cristian D'Alessandro y la música original está compuesta por Juan Carlos Ocaña e interpretada por la orquesta sinfónica Amigos de la música de Algeciras. Jesús Marín, hermano del director, ha realizado la canción de los créditos. Apadrina el proyecto la Diputación Provincial a través de la organización en Cádiz de la Asociación Memoria Histórica y Justicia de Andalucía (AMHYJA).

El cortometraje tiene una suerte de factura experimental, detalla el periodista algecireño. No se hallarán diálogos, sino una voz en off y una narración que corresponde a una presencia de lujo que ha conseguido el algecireño para el trabajo, la del actor sanroqueño Juan Luis Galiardo. Currito y Cayetano encarnan al protagonista, que teclea en una vetusta máquina de escribir al tiempo que rememora sus vivencias. Marín comenzó a grabar y a visitar las etapas que culminó su abuelo en 2005 y en este lapso de tiempo Currito, desgraciadamente, falleció. A él irá dedicado el corto.

La obra tiene previsto su estreno en el mes de enero y se presentará en la Semana Internacional del Cortometraje de San Roque en febrero, el primer festival al que comparecerá.

"El documental intenta diferenciarse sobre lo que ya se ha hecho, que es mucho, sobre la memoria histórica en la perspectiva francesa y en que no utiliza ni una sola imagen de la Guerra Civil. Todo lo que se rueda y enseña es con la imaginación y viajando a los lugares actuales. No recurrimos a la película antigua, que ya se ha usado un millón de veces, sino a la fuerza del personaje y los lugares y la labor del nieto buscando al abuelo. El resultado es un cortometraje en el que el peso de la historia está por encima de efectos especiales y reconstrucciones. Es un flashback constante entre el abuelo y el nieto", expone Marín.

"Hay una cosa muy curiosa que el abuelo hace siendo muy preclaro con su tiempo", considera el periodista. "No le entrega la propiedad intelectual de sus memorias a sus hijos, sino a sus nietos, porque entiende que nosotros, en tercera generación, comprenderemos mucho mejor y en perspectiva los acontecimientos de aquella época. Sus hijos todavía hoy lo ven con cierto resentimiento y dolor porque, claro, ellos lo sufrieron. Nosotros somos una generación nueva que lo hemos visto de una manera mucho más clara".

En el periplo, además, Marín ha reforzado el vínculo sentimental con su origen. "Estoy empezando a considerar a mi abuelo un personaje vivo. Veo sus fotos, leo sus memorias, voy a esos lugares... Era como si de repente estuviera ahí. Ha sido como una sensación de repente esotérica, de encontrarte que estás conociéndole de verdad. El orgullo de mis primos y el mío es sacar del olvido algo tan personal y tan familiar", cuenta.

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