Jarmusch en la calle Betis

  • El director de 'Bajo el peso de la ley', 'Noche en la tierra' y 'Flores rotas' rueda en Sevilla, acompañado por Bill Murray, parte de 'The limits of control', su nuevo filme

Jim Jarmusch suele decir que aspira a filmar las parcelas imprevisibles de la vida cotidiana. Un camarero de El Faro de Triana entró ayer temprano a trabajar, a servir tostadas y cafés, y se encontró pocas horas después "moviendo barriles de un lado a otro, como un tonto", en el almacén del bar, a las órdenes de uno de los cineastas fundamentales del cine independiente de Estados Unidos, un tipo alto, sobrio, de pelo y tupé blancos y voz cavernosa que gasta fama de enfant terrible y que ha dirigido películas como Extraños en el paraíso, Bajo el peso de la ley, Mystery Train y Flores rotas.

El fin de semana, Bill Murray, héroe tardío del humor hierático, y Jarmusch fueron avistados en la Alameda. ¿Eran ellos? Eran, y de hecho bailaron hasta bien entrada la madrugada en un local de la calle Torneo (Murray, con buena suerte al parecer, no tuvo que aparecer ayer por el set). Junto con Isaach de Bankolé, inefable vendedor de helados en Ghost Dog, incrédulo taxista africano en Noche en la tierra, van a estar rodando durante una semana en Sevilla escenas de The limits of control, la nueva película del cineasta, que también se está rodando en Madrid (desde febrero) y Almería (un técnico recordaba ayer el "duro" trabajo en el desierto, de noche y en medio de un "vendaval").

El cineasta conoce Sevilla desde 1982, cuando participó, en la primera etapa del Festival de Sevilla, en unas jornadas sobre la new wave. Los escenarios serán, según miembros del equipo, el centro (donde grabaron el domingo), Triana, el Muelle de la Sal y la estación de Santa Justa, donde trabajarán hoy. Jarmusch llegó a la ciudad el pasado viernes y tiene previsto quedarse alrededor de una semana.

Ayer la mañana nació fría y nublada, un paisaje con el que el director, elegante retratista de las noches urbanas con aire de abandono, parecía satisfecho. A las ocho de la mañana ya estaba todo listo. Ana, una figurante, tiene al mediodía las manos "heladas" aún. "Pero nos han tratado muy bien. Nos han puesto café, bocadillos, de todo", dice. Antes, ella no conocía a Jim Jarmusch, no había visto ninguna de sus películas. Tampoco Javi, otro figurante. Su novia mandó una fotografía a los responsables del casting local y lo seleccionaron, como pasó con el rodaje de Manolete. Isa, hermana de Ana, también saldrá en algún momento del filme, pero aún no ha ocurrido. De momento, ha rebautizado ya a Javi, al que llama, con tino y guasa, Alejandro Sanz. Ninguno de los figurantes, más de una decena, sabe de qué va la película; tampoco conocen lo que harán dentro de un cuarto de hora. "A este director, por lo visto, le dan picás -explica Ana-. Coge a los extras y se los lleva en una furgoneta a ver calles. Improvisa. Llega, le gusta una calle y los pone a pasear". Lo que ocurre al cabo de un rato: seis figurantes, un automóvil, un director de culto, quién sabe qué rincón de Triana.

A Ana le han contado que se trata de una película "de acción", pero, conociendo las maneras de Jarmusch, no se sabe qué tipo de acción. Lo que ha trascendido, poco, de The limits of control (título todavía sin traducción al español) es que sigue a un misterioso y solitario individuo (Bill Murray, lánguido galán de Flores rotas, redescubierto tras Lost in translation) que ultima los detalles de un robo por encargo. En el filme, entre otros intérpretes más, participan también John Hurt, Luis Tosar y Tilda Swinton.

El estreno está previsto para comienzos de 2009. Ahora la película está en la etapa de las inacabables esperas. En una de ellas, resignados pero animados, los extras tratan de no aburrirse. Aquí, un chico con perilla y gorra estilo bulevar-parisiense-siglo-XIX, denuncia "el martirio" del arte: "Tienes una idea en la cabeza, pero nada de lo que haces se acerca a ella". Allá, sentada, Ana pone nerviosa a Isa, que tras constatar la "vida perra del extra" asiste horripilada a los balanceos de su hermana sobre el poyete que da al paseo del río: "Mira, mira, Isa, al límite, como la película".

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