James Bond en la corte del rey de Escocia

  • Sean Connery presenta en su 78º cumpleaños 'Being a Scot', una peculiar autobiografía

James Bond ya quedó en el pasado y Sean Connery se propone ahora para un nuevo papel: rey de Escocia. Su autobiografía, que salió a la venta ayer -el propio actor lo presentó en la Feria del Libro de Edimburgo- coincidiendo con su septuagésimo octavo cumpleaños, decepcionará a los fans del agente 007 que esperasen grandes revelaciones sobre los entresijos de la saga. Por el contrario, Being a Scot -así se llama el libro- se parece mucho más a una guía de viajes para acercar culturalmente Escocia a los extranjeros que a la biografía de una gran estrella.

Connery relata su vida en los primeros capítulos, en los que cuenta su infancia pobre en Edimburgo y su "ascenso social" como repartidor de leche con un carro tirado por un caballo: "Un caballo para mí. ¡Para mí! No me lo podía creer", escribe el hoy multimillonario Connery. Más tarde, el actor aún no descubierto trabajaría puliendo ataúdes y como modelo de desnudos, probó suerte en el certamen de Mister Universo ("nunca gané ningún premio", dice, aunque quedó tercero en 1953), fue marinero -tatuaje incluido- y soñó con una vida de jugador de fútbol. "Quería trabajar, ganar dinero y jugar al fútbol", escribe. "No tenía ambiciones de convertirme en un actor, fueron el dinero y la diversión los que me hicieron adicto".

Para tener éxito como intérprete, acudió a los libros y devoró uno tras otro, algo sorprendente teniendo en cuenta que había abandonado la escuela a los 13 años. "Me acuerdo que me preguntaba cómo se podía encarnar a una persona inteligente siendo tonto", explica Connery. Pero en los capítulos demuestra que es todo menos tonto. Cita a Shakespeare, Voltaire y Dante, describe edificaciones escocesas como si fuera un crítico de arquitectura y aborda la historia de las ruinas de su región.

Quien busque en el libro detalles de los dos matrimonios del astro prestará atención a una foto a dos páginas en la que se ve a la segunda mujer de Connery, Micheline, pero el texto sólo hace mención al amor de ambos por el arte. Las cuestiones amorosas y su papel como James Bond aparecen efímeramente. Los seguidores del espía mundano y mujeriego deberán esperar 150 páginas para que aparezca la palabra Bond. Y sólo de paso, cuando Connery relata que la película The Hill lo rescató en 1965 de un cierto "cansancio de Bond". Hacia el final del libro vuelve a hablar de su rol estelar, pero sólo para agradecerle el haberle hecho conocer el golf, deporte que practica con pasión desde Goldfinger. Pocas páginas más adelante pasa ya a describir el origen escocés del polo con elefantes.

Connery intenta demostrar al mundo en más de 300 páginas que sus antecesores son los inventores de numerosos objetos maravillosos. Y menciona por ejemplo el reconocimiento que algunos compatriotas han tenido en el extranjero -como el arquitecto James Stirling-. También lamenta que la mentalidad industrial no se valore tanto en Escocia como en Alemania.

Parece como si con el libro, que escribió junto con el director Murray Grigor, quisiera mostrar que está harto de su identificación con el papel de Bond. Y en vez de eso se presenta no sólo como un experto en cultura escocesa, sino como un patriota. Al fin y al cabo, el amor del actor por su patria es ya bien conocido. Desde hace años colabora con el Partido Nacional Escocés, que aspira a la independencia de Reino Unido.

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