Irse por las ramas

Drama, Francia-Australia, 2010, 100 min. Dirección: Julie Bertuccelli. Guión: Elizabeth J. Mars, a partir de la novela de Judy Pascoe. Fotografía: Nigel Bluck. Música: Grégoire Hetzel. Intérpretes: Charlotte Gainsbourg, Marton Csokas, Christian Byers, Morgana Davies, Arthur Dignam. Cines: Avenida.

El segundo largometraje de Julie Bertuccelli (Depuis qu'Otar est parti) comparte no pocas similitudes con la cinta australiana Sólo ellos, dirigida en 2009 por Scott Hicks. Las dos tratan de la gestión del duelo tras la muerte de la pareja, las dos abundan en las relaciones entre padres e hijos en este periodo crítico, las dos tienen de fondo los paisajes horizontales del interior de Australia, las dos comparten musiquillas new age.

Las distingue sin embargo el punto de vista femenino de la primera frente a la perspectiva masculina de la segunda, uno encarnado por esa estupenda actriz que es Charlotte Gainsbourg, generosa en matices y misterio incluso cuando está fuera de sitio (como es el caso aquí), y la otra por la masculinidad desmoronada de un Clive Owen con un registro más limitado. También la voluntad metafórica que Julie Bertuccelli pretende imprimir a su relato frente a la deriva melodramática de la cinta de Hicks.

Comparaciones a un lado, El árbol se propone como un retrato femenino en el que la simbología y la atmósfera asumen un papel protagonista como correlato de los acontecimientos dramáticos. Y es que ese árbol que crece descontroladamente junto a la casa familiar, un árbol cuyas raíces amenazan los cimientos y cuyas ramas destrozan ventanas en los días de tormenta, es tratado como si de la reencarnación del padre se tratara, un organismo vivo que parece dialogar o enfurecerse con los suyos y dictar el camino de reinicio a una madre y unos hijos que asumen la ausencia con mayor o menor grado de realismo y capacidad de fabulación.

Bertuccelli inscribe así la naturaleza en el epicentro de un drama en el que todo el sustrato simbólico resulta tan explícito como falto de intensidad, como si la frontera entre el tratamiento realista y un cierto aire mágico y trascendental estuviera demasiado marcada.

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