Guzmán El Bueno, el homólogo de El Cid

  • Antonio Torremocha presenta en Granada su novela sobre el defensor de Tarifa y descubre a un personaje de leyenda que amasó la fortuna inmensa de la casa Medina-Sidonia

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Hubo tiempos duros en los que no existían los paraísos fiscales y la gente tenía que valerse de mil artimañas para poder poner su dinero a salvo. En la segunda mitad del siglo XII, Alonso Guzmán El Bueno había hecho fortuna al servicio de los sultanes de Marruecos, pero no podía llevarse el oro al otro lado del Estrecho. Así que tuvo que pactar un divorcio ficticio con su mujer para que esta se llevara una parte y, más tarde, esconder en un cargamento de hijos miles de monedas de oro. Son algunos de los pasajes que recrea Antonio Torremocha en su novela Guzmán el Bueno. Una vida de leyenda (Almed). Un caso más de un personaje histórico que, de haber sido estadounidense, ya habría sido protagonista de más de una superproducción. "En Tarifa es un personaje muy famoso por haber lanzado un cuchillo a los musulmanes, que asediaban la ciudad, para que mataran a su hijo preso porqué él no iba a rendir la ciudad", explica el autor que ayer presentó su trabajo en la Feria del Libro de Granada.

Torremocha, que ha sido director del Museo de Algeciras y es académico de número de la Academia Andaluza de la Historia, se decidió a investigar a fondo la figura de un hombre que había nacido en León, en el año 1256 de los amores extramatrimoniales de su padre, el caballero Pedro de Guzmán, con una noble dama del linaje de los Castro, lo que le apartaba de la legítima herencia y de los títulos nobiliarios de los Guzmán. Así que, con el ingrediente hollywoodiense del hombre que debe hacerse a sí mismo y luchar contra las circunstancias adversas, Guzmán consiguió prosperar hasta hacerse inmensamente rico a las órdenes de los reyes marroquíes, "con lo que pudo comprar los territorios que iban desde el Guadiana hasta Tarifa, además de parte de Sevilla, Cádiz o Huelva", explica el historiador. Ya en España se puso al servicio del rey Sancho IV y, ya en Tarifa como alcaide, fue cuando aconteció el famoso episodio del puñal. "Después de este hecho adquirió más fama y el rey le dio el título de El Bueno, además de otorgarle la pesca de la almadraba desde Huelva a Tarifa, una gran riqueza económica en su tiempo", continúa el investigador para desvelar el origen de la fortuna de la casa de Medina-Sidonia que desciende de Alonso Pérez de Guzmán.

En este sentido, esta casa nobiliaria empieza con su bisnieto, cuando Enrique II le otorga el título de duque. Pero todo el poder económico lo forjó su antepasado, tanto que ha llegado hasta nuestros días con la fallecida Duquesa Roja, "quien escribió incluso un artículo diciendo que Guzmán El Bueno era hijo de una mora". En la actualidad, el título lo ostenta un profesor de Historia Económica en la Universidad de Castilla la Mancha, quien le presentó precisamente la novela en Tarifa. "La casa ha perdido el poder económico que tuvo, mientras que los Alba siguen teniendo empresas y amplios territorios", explica Torremocha para mostrar el inmenso imperio que consiguió montar un hijo bastardo.

Otra de las peculiaridades de la vida del protagonista de la novela es su semejanza con la figura de El Cid Campeador, enemistad con el rey y vida mercenaria junto a los moros incluida. "En este caso se enfadó con el rey Alfonso X El Sabio porque era el hijo de una amante de su padre, alguien sin derechos y sin futuro en la dinastía familiar. Así que, una vez en Sevilla, el rey preguntó quién había ganado el torneo, y un hermano de Guzmán El Bueno exclamó: 'Mi hermano de ganancia', lo que viene a ser hoy en día como decir el hijo de puta de mi hermano", afirma sin rodeos literarios Torremocha.

Él oyó esta expresión y se quejó a Alfonso X por permitir que en su presencia se le llamara así y a continuación se hizo vasallo del sultán de Marruecos. "No sabemos si esto fue una excusa porque allí había unas posibilidades de enriquecimiento que no había en Castilla", señala sobre un personaje que se convirtió en el capitán de las milicias cristianas del sultán y llegó a acumular en su casa de Fez más de 300.000 monedas de oro. "Pero el sultán sólo le permitía invertir en Marruecos, porque no era tonto", continúa Torremocha sobre el origen de las cuitas del personaje para trasladar sus riquezas a la Península Ibérica.

Ya en Castilla, Sancho IV estaba en graves apuros económicos por su guerra con los nazaríes y Guzmán El Bueno prestó grandes sumas al rey. "Fue inteligente y fue comprándose los favores de los monarcas, un dinero que no recuperaría pero a cambio consiguió los derechos de la pesca de almadraba, con lo que consiguió mucho más dinero del que había prestado", señala para descubrir a continuación un dato que habla sobre la 'mina de oro' que era la pesca por entonces. Torremocha ha investigado un documento del siglo XVII en el que se detalla que en esa temporada se había capturado más de 500.000 atunes, un dato abrumador teniendo en cuenta que "hoy en día se pescan unos 500 o 600 al año".

Milicias cristianas, en aquella época la lucha entre cristianos y musulmanes no era por causas religiosas, era por intereses económicos, por lo que el sultán de Marruecos tenía que guerrear con otros reyes africanos y contrataba a guerreros de Castilla, Portugal, Aragón... Eran mesnadas como las del Cid Campeador, y había más de mil cristianos al servicio de Marruecos siempre con la condición de pelear contra otras tribus y nunca contra cristianos.

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