Octava corrida de la feria del pilar

Ferrera intenta frenar a un encastado y fiero ‘Acelerado’

  • El extremeño, que contó con el mejor lote, consigue un trofeo por una faena con arrestos · José Luis Moreno y Diego Urdiales, con escasas opciones, cumplen

En la octava de la Feria del Pilar lo bueno no se sirvió en el postre, como ha sucedido en días anteriores, cuando ya el personal anda pensando en la salida de la plaza. En esta ocasión, en una corrida de Bañuelos, bien presentada, desigual y muy interesante, con el añadido de un toro de Palla, como tercero, el momento explosivo saltó con el segundo de la tarde.

El toro, bajo, corniabierto, tras cumplir en el tercio de varas, donde le midieron el castigo, salió del caballo con el motor lleno de combustible. Gasolina super la de este Acelerado al que Antonio Ferrera le hizo frente con un arrojo y agallas envidiables, tras banderillearlo, brillando en un par por los adentros de mucha verdad y otro, al cambio, junto a tablas, muy arriesgado. Las palmas echaron humo. En la muleta, el toro hubiera acabado con más de la mitad del escalafón. Repetidor, humillaba y transmitía sobremanera en cada embestida. El diestro extremeño, que no es un estilista precisamente, sí apostó fuerte y se la jugó sin trampas ni cartón, aunque en varios pasajes era Acelerado quien imponía el ritmo a una velocidad endiablada. Dentro de la faena, que tuvo como virtud la carencia de enganchones, destacaron dos tandas con la derecha, una de ellas rematada con una graciosa trincherilla. Ferrera, dentro de una actitud irreprochable, enterró la espada en una estocada contundente y de efecto fulminante. Una estocada a ley en la que el diestro tuvo que vender dos generosos puñales. El público pidió la vuelta al ruedo para el toro, que  no concedió el presidente, y Ferrera dio la vuelta al ruedo únicamente con un trofeo; eso sí, uno de los más caros de la temporada.

Antonio Ferrera volvió a cosechar palmas en el segundo tercio, prendiendo con espectacularidad –el mejor el último, al cambio–. Con un toro muy serio y voluminoso, de más de 600 kilos, con movilidad, pero que no llegó a humillar, realizó una faena entonada y técnica que no remató bien con la espada.

José Luis Moreno y Diego Urdiales, con menos opciones al triunfo, cumplieron. Moreno se justificó con creces ante el que abrió plaza, un toro que propinaba hachazos por doquier; y en su labor al manso cuarto extrajo dos meritorias tandas con la izquierda, aprovechando las querencias, ya en el epílogo de un largo trasteo. Urdiales, con un segundo sobrero de Palla, que huía hasta de su sombra, poco pudo hacer. Con el que cerró plaza, que parecía burriciego, consiguió un par de tandas entonadas con la diestra y no pudo dar ni un natural porque el animal se tiraba al pecho por el pitón izquierdo.

Sin duda, la octava de la Feria del Pilar fue un espectáculo muy interesante porque hubo algunos toros encastados, especialmente ese Acelerado, hasta el momento el toro de este ciclo, ante el que Antonio Ferrera, con bastante aceleración, plantó cara con toda su verdad y en ningún momento arrojó la toalla.

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