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Crítica de Cine

Esplendor y decadencia de Julita Salmerón

Julita Salmerón, en 'Muchos hijos...'. Julita Salmerón, en 'Muchos hijos...'.

Julita Salmerón, en 'Muchos hijos...'.

Por fortuna, Julita Salmerón no es Carmina Barrios, aunque los hijos de ambas sean actores y hayan debutado como realizadores dirigiendo a sus respectivas madres.

El humor de Julita Salmerón emana de manera natural sin estridencias, chabacanería ni folclore impostado desde su propia naturaleza excesiva, cándida, alucinada y profundamente optimista (a pesar de los constantes lamentos y las ganas de morirse) ante una vida que fue generosa con ella en prole, fortuna sobrevenida, anécdotas memorables y, aunque de una manera algo peculiar, cariño de todos los suyos.

Rodada a lo largo de 15 años con mucha paciencia, una cámara mini-DV y un teléfono móvil, Muchos hijos, un mono y un castillo reivindica y explora para el gran público el potencial (cómico) de la home-movie, haciendo dudar incluso, y ahí reside buena parte de su grandeza y su misterio bizarro, de que todo lo que vemos y escuchamos alrededor de esta familia caótica en plena crisis (económica) no pudiera formar parte de una astuta operación de ficción tejida a partir de materiales autobiográficos.

Pero no, el primer largo de Gustavo Salmerón no tiene más trampa ni más cartón que el de una asombrosa inteligencia en la selección, organización y el montaje de horas y horas de material que convierten los retazos y episodios íntimos de una vida familiar de esplendor y decadencia en un poderoso e hilarante relato (histórico) de raigambre berlanguiana (aunque también sería posible pensarla como un reverso cómico de El desencanto en tiempos del pelotazo) en el que la gran Julita polariza con su cuerpo achacoso, sus aires de grandeza, su desparpajo verbal y su aparente indolencia los avatares de una troupe desquiciada en la tarea de encontrar unas vértebras perdidas y desmontar el castillo que les ha servido de punto de encuentro y cohesión a lo largo de los buenos años de fortuna. Pocas veces la crónica de una ruina familiar ha sido tan divertida.

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