Esperando a Drella

  • El Museo Picasso acogerá el año que viene la mayor retrospectiva dedicada en España a Andy Warhol

En el ambiente del underground neoyorquino que a mediados de los 60 se cocía en la Factory casi todo el mundo se refería a él con el seudónimo Drella: una mezcla de Drácula y Cenicienta (Cinderella). Tal contraste revelaba tendencias ciclotímicas y también barrocas en la personalidad de Andy Warhol (Pittsburgh, 1928 - Nueva York, 1987), pero el alter ego hacía honor igualmente a una asunción de la actividad artística en la que el susodicho podía ser lo mismo un monstruo chupador de sangre que una inocente niña esclavizada por su madrastra. Warhol es ese tipo que todo el mundo conoce y del que todo el mundo habla: no hay tienda de decoración que se precie sin alguna réplica de sus obras, convertidas en iconos de una postmodernidad decidida a sustituir los retablos gloriosos de la antigüedad por latas de conserva. Sin embargo, por más que hablemos de un creador popular, mil veces revisitado y recreado a placer, incluido en cientos de exposiciones y convertido también él mismo en icono pop (recuérdese la exposición fotográfica de Christopher Makos con la que La Térmica abrió sus puertas en Málaga hace ya casi cinco años), no resulta descabellado, ni mucho menos, afirmar que seguía faltando en España un proyecto que revelara a Warhol en toda su plenitud: los mil y un Warholas que visitaron todos los formatos, todas las ideas, todas las posibilidades plásticas, sonoras y visuales. La deuda, al fin, ha venido a quedar saldada con la exposición Warhol. El arte mecánico, que se inauguró el mes pasado en el CaixaForum de Barcelona (donde podrá verse hasta el 31 de diciembre) y que llegará al Museo Picasso Málaga el 31 de mayo del año que viene para quedarse hasta el 16 de septiembre. El propio director del Picasso, José Lebrero, es el comisario de la mayor retrospectiva dedicada a Andy Warhol en España, una iniciativa que en el fondo entraña mucho más: la transfiguración completa de un artista que en gran medida cambió para siempre las reglas del juego del arte.

La exposición del CaixaForum incluye unas 350 obras (en Málaga se podrán ver más, cerca de cuatrocientas) en un menú que ofrece buena parte de los argumentos con los que Warhol se empeñó en hacer de su trabajo una cuestión de masas, como las latas de sopa Campbell, los retratos de Marilyn Monroe, Jackie Kennedy, Mao y Liz Taylor y las famosas skulls con las que el artista manifestó su querencia al memento mori, pero también elementos en otros soportes mucho más allá de la pintura, como una selección de sus películas (incluidos los Screen Tests) y la instalación multimedia que ideó para los conciertos de Nico y The Velvet Underground (cuyos fundadores, Lou Reed y John Cale, se reunieron en 1990 para rendir tributo a Warhol con un emocionante disco que bautizaron, precisamente, Songs for Drella). Pinturas, esculturas, dibujos, serigrafías, instalaciones, libros de artista, películas, portadas de discos, pósters, revistas, objetos y material fotográfico completan esta verdadera inmersión en la obra del hombre que decidió hacer arte desde la publicidad y el consumo, en un paisaje que abarca desde sus primeros trabajos como diseñador a comienzos de los 60 hasta notables piezas de los 80. En esta evolución tampoco falta el gusto por el exceso, el trash y la vulneración de las buenas costumbres que Warhol imprimió en buena parte de sus películas (rodadas con la complicidad de Paul Morrissey) y su actividad en la orilla más estrictamente underground. Para ilustrar este aspecto, vale la pena regresar a The Velvet Underground y recordar la expresión con la que Lou Reed despachó en su día a Jim Morrison, el gran emblema rock de la Costa Oeste: "La primera vez que lo vi supe que no saldría vivo de una noche en la Factory".

Este próximo viernes, 20 de octubre, el CaixaForum celebrará en el marco de la exposición la Noche Warhol, en la que artistas barceloneses de la actualidad presentarán sus obras inspiradas en el genio de Pittsburgh y en la que se celebrarán otras muchas actividades. Resultaría oportuno que el Museo Picasso tomara nota y organizara un evento similar en Málaga, ya que discípulos no le faltan precisamente a Warhol en esta ciudad. Mientras tanto, continuará la espera. Drella promete un verano distinto.

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