España fantasma

De todos los títulos recientes que se han acercado a la Guerra Civil y la inmediata posguerra española, recurrente asunto que no deja de estigmatizar las estrecheces de nuestro cine, Hoy no se fía, mañana sí se desmarca radicalmente de la inevitable tendencia a la rigidez del cartón piedra que ha hecho de Los girasoles ciegos, La buena nueva o La mujer del anarquista carne para el olvido y la simplificación partidista en tiempos de (des)memoria histórica.

Lejos de toda coyuntura industrial, la película del hasta ahora documentalista Francisco Avizanda está rodada con pocos medios y protagonizada por actores desconocidos, lo que condiciona ya de partida (positivamente) su concepto de la escritura y puesta en escena. Nada por aquí de alardes de recreación de época ni de cine de vestuario y atrezzo apolillados. Avizanda cierra el plano (digital) con elegante sentido de la composición y el encuadre sobre un puñado de personajes y contados escenarios que, en fantasmal presencia, dibujan una España gris y asfixiante llena de delatores (la peripecia argumental se centra en la red de espionaje interno creada por el Gobierno de Franco en el Madrid de los años 50) de la que emergen unas extrañas cualidades abstractas que denotan la presencia de un ojo certero y riguroso detrás de la cámara.

Diálogos no menos depurados y secos, interpretaciones en la frontera del hieratismo, tanto que nos hacen pensar en Bresson como referencia lejana, un encomiable sentido de la elipsis y una rara cualidad para el extrañamiento hacen de esta irregular película un verdadero ejercicio de original escritura cinematográfica que nos reconcilia, aunque sea momentáneamente y desde los márgenes, con el maltrecho cine histórico español. Los valientes pueden acercarse a Los Arcos a comprobarlo, pero dense prisa.

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