Desastrosa miurada

  • Javier Valverde consigue el único trofeo de la tarde por una faena valiente, con el contrapunto de un bajonazo como remate. El Fundi y Juan José Padilla cumplen, incluido en el segundo tercio

La corrida de Miura se sumó al saldo ganadero de este año, en el que apenas se salva la honrosa excepción de Victorino Martín. Lo de ayer fue otra de esas historias un tanto surrealistas, con un par de miuras de mantequilla, a los que salvó el pañuelo verde, tras protestas del público, otro que arrastraba una patachicle, tres de distinta calaña y un sobrero peligroso de Conde de la Maza. Ninguno claro para lucirse. El espectáculo duró tres horas. Treinta minutos de ese tiempo se lo debemos a la inmejorable parada de cabestros de la Maestranza, una de las más inoperantes del planeta taurino, que volvió en su suma y sigue a proporcionar más gloria a una plaza que ha hecho aguas en la presente feria por todas partes. En el balance final de ayer, único trofeo para Javier Valverde, por una faena en la que derrochó raza, pero que culminó con un feo bajonazo, con vómito incluido del astado. El Fundi y Juan José Padilla se justificaron con lotes imposibles para el lucimiento artístico y cumplieron también en banderillas.

Javier Valverde se entregó con casta. Con el tercero, que tras un par de muletazos en los que metía la cara, se orientaba, el salmantino se fue fajando y sacó un par de tandas muy meritorias por el pitón derecho, que fue de lo más ovacionado de la tarde. Por la izquierda le costaba más al toro y hubo menos lucimiento. Mató feamente y, pese a ello, le concedieron una oreja.

El que cerró plaza, más parado que el caballo de un retratista y que siempre buscaba ventajas era todo un pavo que aprendió latín de inmediato. En banderillas, a la caza, hizo sudar la gota gorda a la cuadrilla de Valverde y el presidente, saltándose el reglamento, cambió el tercio con dos palos prendidos. El diestro salmantino se peleó como buenamente pudo con tan desalmado oponente.

El Fundi, triunfador en la corrida de Palha, se quedó con la miel en los labios, como el resto del cónclave, cuando comprobó al estirarse en los lances de recibo que el primer miura metía bien la cara por el pitón izquierdo. El madrileño se lució a la verónica por ese pitón. El animal, en un tremebundo remate en un burladero se destrozó ese cuerno, por el que sangró durante la faena de muleta. Sería por el golpe o por lo rápido que desarrollan sentido los toros de Zahariche, pero el caso es que ya no fue el mismo. Comenzó a echar la cara arriba y por el derecho punteó y dio tornillazos. El Fundi cumplió en una lidia correcta y falló con los aceros.

A su otro oponente lo devolvieron tras flojear. En su lugar, saltó un toro de Conde de la Maza, serio, al que le endilgaron dos puyazos traserísimos y horrorosos, más otro de propina. El astado esperó en banderillas y fue peligroso por el pitón derecho, esperando también los fallos que pudiera cometer El Fundi, que se justificó y lo despachó de una estocada impecable, tras la que rodó el animal de manera fulminante.

Cuando saltó el segundo de la tarde parecía un enano al lado del imponente primero, que pesaba 640 kilos. Era un toro negro, de 575 kilos. Perdió las manos y fue devuelto. Entonces vivimos media hora en la que el cabestrero, con su inoperante parada, fue incapaz de meter al toro en chiqueros. Uno de los banderilleros que lo intentó con el capote acabó arrojándose de cabeza al callejón. El intento de apuntillar al toro también se frustró. Padilla pidió permiso y lo despachó de una estocada y tres descabellos. Saltó el más voluminoso y pesado de la tarde, un cárdeno de 680 kilos, que empujó en varas y fue bien picado por Antonio Montoliú. Padilla, voluntarioso, no pudo lucirse con este miura que embistió con la cara alta y salía desentendiéndose de los muletazos. Mató con seguridad. El jerezano se lució con los palos con su segundo en un buen par de dentro afuera y otro al violín. Con la muleta apenas hubo nada, ante lo corto que se quedaba el animal.

Una miurada para olvidar, como la mayor parte de la feria.

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