Desahogo medieval

Con uno de los peores casting de la historia del cine reciente, imagínense si no a Burt Reynolds, Ray Liotta y al mamporrero Jason Stathan (Transporter) en trajes y trapos medievales y hablando como gangsters, En el nombre del rey intenta resucitar con dinero alemán el esplendor del género de aventuras fantásticas con el eco de El señor de los anillos reverberando en cada plano para desgracia propia y ajena.

La cinta del desahogado Uwe Boll, especialista en videojuegos que suple aquí despliegue infográfico con el viejo truco de la toma aérea, los planos aberrantes y mucha grúa, viaja a un indefinido paisaje apocalíptico-medieval poblado por granjeros valientes y con boomerang, campesinos asustados, reyes magnánimos, magos del bien y del mal y orcos de pacotilla (krugs, les llaman) que, a falta de presupuesto, no pasan de torpes monigotes con varios kilos de grasa encima.

Involuntariamente cómica, la película no malgasta ni un segundo en sortear su condición de subproducto de segunda mano y corre como las balas en su previsible trazado, encadenando tediosas batallas, todas iguales, y persecuciones a pie o al galope entre las que de cuando en cuando se cuela, para desgracia nuestra, alguna escena dialogada, todo sea por seguir echando más risas.

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