Cuota de pantalla

A la vista de las flagrantes ausencias, empieza uno a pensar si la cartelera española (no digamos ya la de ciudades que no son Madrid o Barcelona) no se está convirtiendo en el paraíso de la producción más mediocre de cada casa.

A falta de lo último de Lucrecia Martel (La mujer sin cabeza), Lisandro Alonso (Liverpool), Mario Llinás (Historias extraordinarias), Celina Murga (Una semana solos), Albertina Carri (La rabia) o Manuel Ferrari (Cómo estar muerto), por citar tan sólo a algunos, nos llegan sin embargo prescindibles co-producciones hispano-argentinas como esta Cartas para Jenny, insufrible pastelón sentimental y prehistórico digno de la programación vespertina de cualquier televisión local.

Destinada al fracaso en taquilla, el mismo que probablemente tendrían cualquiera de las películas de los directores anteriormente mencionados por otros motivos, la cinta de Diego Musiak abusa de los peores clichés del melodrama sentimental y familiar para narrar la historia de una nenita atribulada a la que las cartas que le dejó su madre antes de morir ayudarán a recomponer su vida en momentos de crisis e incluso a reencontrar su identidad (judía) en un viaje a Israel.

Telegrafiado su desarrollo y sus giros dramáticos desde el arranque, impúdica y poco sutil en su explotación de la lágrima de cocodrilo, arcaica y torpe en su manejo de la narración explicativa a golpe de flash-backs, Cartas para Jenny usurpa con sus casi dos inertes horas de tedio anunciado un espacio en la cartelera que cada día se le pone más caro al cine de calidad que se hace en Argentina, casualmente uno de los mejores del mundo en la actualidad.

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