Convencer a los convencidos

Documental, Francia, 2010, 84 min. Dirección y guion: Pierre Barnérias. Con: Charles Le Pineau y Gabriel Guilhamon.

Con la cartelera más apretada que el moño de Falete y los cineclubes parroquiales en horas bajas, siempre queda un hueco para la difusión del mensaje cristiano de la mano de European Dreams Factory, empresa "nacida con el objetivo de traer a España películas que transmitan un mensaje enriquecedor, cintas familiares y con valores positivos que quieren crear una diferencia en el mundo del cine con una temática que a pie de calle ya se ha bautizado con un nuevo nombre: Cine de Valores".

Un cine de valores que incluye títulos como Bella, Guadalupe, Katyn, La última cima, La verdad de Soraya M., Vivir para siempre, Alexia, Prefiero el paraíso o esta Érase una Fe, documentales y filmes de ficción que, en el mejor de los casos, no pasan de ser meros publirreportajes o acartonados biopics televisivos con olor a naftalina.

No será este cronista escéptico el que cuestione las buenísimas intenciones del proyecto. Otra cosa es, ay, el cine y sus valores estéticos, elementos muy secundarios en esta Érase una Fe que recorre el planeta, de Rumanía a Siria, de la India al Amazonas, de Senegal a China, junto a Charles y Gabriel, dos jóvenes entusiastas que han cambiado las canciones de catequesis por la mochila, la bicicleta o la canoa para acercarse a las comunidades de cristianos perseguidos que realizan su arriesgada labor evangelizadora por los rincones más desfavorecidos u hostiles del globo.

Escuchando siempre una única versión de la historia, incidiendo en la idea del victimismo eludiendo la complejidad de las situaciones geopolíticas y culturales, negando, oh, la voz al prójimo y subrayando un discurso previo sobre cualquier verdad revelada por las imágenes o la observación, Érase una Fe sólo puede convencer a los ya convencidos de antemano, lo que la hace, me temo, absolutamente prescindible.

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