Comedia discapacitada

Albert Espinosa parece escribir (Planta cuarta, Tu vida en 65 minutos, Va a ser que nadie es perfecto) y hacer un cine para el público norteamericano. Sus suaves formas y su mirada humorística, naif y de buen rollo al universo de enfermos y discapacitados (físicos, mentales, emocionales) hacen que su propuesta encaje mejor con el ternurismo infantiloide de ciertos productos de Hollywood (posiblemente protagonizados por Robin Williams) que con la sensibilidad comercial del cine español. Hasta la música de su primera película nos traslada a ese cándido universo del suburbio yanqui.

Albert Espinosa es un tipo simpático, culto y afable que hace hablar a sus personajes por los codos con una elocuencia que es la suya propia. Albert Espinosa tiene un mundo propio y reconocible, eso que llaman mirada mágica sobre la realidad de los tullidos, los retrasados y demás gente especial. Albert Espinosa tiene además una fe inquebrantable en el cine apuntalado desde el guión y la escritura, no en vano él es ante todo escritor, autor dramático y guionista.

Con este currículo a sus espaldas, No me pidas que te bese porque te besaré condensa muchas de las señas de identidad y tics de sus anteriores trabajos en una improbable historia de amor y amistad atravesada por el alboroto emocional de un grupo de discapacitados que harán ver a nuestro protagonista, un joven en plena e improbable crisis pre-matrimonial (Eloy Azorín), que todos somos especiales de una manera u otra.

Si la película juega a sortear tópicos a golpe de excentricidad y exceso, no puede ya sin embargo con esos otros que la condenan a un molesto, cursi y chirriante freak show interpretado por histriones sin contención y a una concepción de la bondad humana que parece salida de una sesión de catequesis.

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