Comedia a la carta

Parece inevitable que la comedia española contemporánea ponga siempre un ojo en las portadas de los periódicos para recoger cierto espíritu de los tiempos con el que reelaborar los viejos modos del enredo clásico. Joaquín Oristrell es sin duda el guionista y director que mejor ha sabido manejar la fórmula, como lo demuestran títulos como Novios, Sin vergüenza, Los abajo firmantes o Va a ser que nadie es perfecto, todos ellos con un pie en la actualidad mediática y otro calzado con los calcetines de la screwball comedy sobre una superficie y una tipología netamente hispana.

Dieta mediterránea no se aleja mucho de estos presupuestos para echar a su particular asador algunos ingredientes que destilan el aire de progresía y tolerancia de los tiempos zp para mezclarlos con una modélica estructura de comedia ambientada entre fogones y asociando cocina y sexo (a la postre, igual de pudoroso que siempre) en una mezcla que se quiere irresistible.

Así, donde antes reinó la pareja, ahora lo hace el trío; donde predominó el sabor a ajo y cebolla, ahora tenemos los aromas y vapores de la nouvelle cuisine; donde mandó la familia castiza, ahora lo hace una amable disfuncionalidad autorizada.

Si a todo ello le añadimos tres jóvenes rostros televisivos, inevitable peaje de toda comedia española que aspire hoy a hacer taquilla, y la ya conocida soltura de Oristrell y García Serrano para estilizar el costumbrismo a golpe de estructura de guión y diálogos afinados, tendremos como resultado una comedia, una más (no hace poco se estrenaba su prima hermana Fuera de carta, protagonizada por Javier Cámara), destinada a ese público que no entiende ya de fronteras entre la pequeña y la gran pantalla y que se contenta con identificar el humor de barra de bar en un formato aparentemente más sofisticado y ligero.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios