Crítica de Cine

Comedia de amor y guerra

Cartel de la película. Cartel de la película.

Cartel de la película. / d.c.

Gianfrancesco Diliberto, conocido en Italia como Pif, es un infatigable personaje que se ha hecho popular en la radio y el entorno televisivo Mediaset y MTV para después desplegar una sombrosa actividad como activista (singularmente atacando a la mafia, lo que conlleva sus riesgos), estrella televisiva comprometida (tal vez a lo Jordi Évole), guionista, actor y director. En estos tres últimos roles debutó con buen pie en 2013 con La mafia solo mata en verano, seguida ahora por In guerra per amore (título original que en nada se corresponde con el horroroso que le han atizado en España). Su cine es un tutti frutti que mezcla todos los ingredientes tradicionales de la comedia a la italiana (desde Totó y De Filippo a Comencini, Germi o Escola, a quien dedica la película) con apuntes fellinianos y algún guiño a Sorrentino sin olvidarse de Benigni. Es más eficaz en el manejo del exceso y el humor como director que como actor; y gana interés en los pocos momentos en que se pone serio.

En Italia ha arrasado en taquilla tal vez, además de por la popularidad televisiva de su director e intérprete, porque la creación de su personaje tipo se inspira en la tradición del qualunquismo (literalmente el cualquierismo) que convierte a un don nadie -aquellos soliti ignoti a los que Comencini dedicó su magistral comedia aquí mal llamada Rufufú- en protagonista involuntario de hechos que le sobrepasan. El grandísimo Sordi consagró a estos don nadie. Aquí el personaje se mete en el desembarco americano en Sicilia para conseguir el amor de su idolatrada Flora, quien desgraciadamente tiene otro pretendiente respaldado por alguien más famoso, poderoso y letal que el desgraciado protagonista: Lucky Luciano.

Como fondo, un conocido y controvertido hecho histórico: la connivencia entre la mafia y el ejército americano para su desembarco en Sicilia y los posteriores apaños con trasfondo mafioso para que la Democracia Cristiana se afirmara como el gran partido político italiano. La visión que Pif da de la cuestión es parcial: olvida que Italia estuvo entre 1945 y 1948 al borde de la guerra civil por las tensiones entre quienes querían hacer de la República nacida en 1946 un Estado democrático y la pretensión del poderoso PCI de convertirla en una república socialista. Aleccionados por la guerra civil griega (1944-1950), en la que los comunistas intentaron hacerse con el poder, EEUU, ante el horizonte de la Guerra Fría, apoyó con buenas y malas artes a la Democracia Cristiana.

Si como película de trasfondo histórico Diliberto trampea, como director de comedia logra una cosita divertida y entretenida, perjudicada por su tendencia al exceso barroco o simbólico y lastrada por su interpretación más bien desmadrada. La larga sombra de Benigni planea sobre Pif, que podría acabar como su versión progre-MTV (por raro que sea mezclar las dos cosas).

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