A la contra

Cantalao, el pueblo soñado de Pablo Neruda se acerca a la realidad del poeta

  • Una donación de 317.000 dólares podría dar forma en Chile al proyecto del Nobel de una aldea para artistas emergentes

Cantalao, mítico nombre de un pueblo soñado por Pablo Neruda para acoger a poetas y artistas emergentes, en las cercanías de la localidad de Isla Negra, podría ahora concretarse gracias a la donación de 200 millones de pesos (unos 317.000 dólares) del empresario minero Leonardo Farkas.

El dinero se utilizará en la construcción del memorial Pablo Neruda, en Isla Negra, balneario del litoral central chileno donde el poeta tiene una de su más bellas casas museos. El nombre fue tomado por Neruda del pueblo donde transcurre la trama de la única novela que escribió, El habitante y su esperanza.

El proyecto de Cantalao nació y tomó forma en 1971, cuando Neruda obtuvo el premio Nobel de Literatura: un pueblo con callecitas y casas destinadas a poetas y artistas con talento, pero sin recursos para concretar sus obras o para quienes necesitaran la soledad de un paisaje maravilloso para inspirarse.

Neruda eligió el lugar: un agreste paraje cercano a Isla Negra, frente al océano Pacífico, con roquedales recónditos y una cueva de piratas que responde a lo mejor de la imaginación del poeta, que creía que en ella había tesoros escondidos por corsarios.

Cantalao, en sus orígenes, contó con el apoyo entusiasta del gobierno de entonces, presidido por el socialista Salvador Allende, en el que numerosos artistas, incluido el propio Pablo Neruda, que fue embajador en Francia, ocupaban cargos que les permitieron poner en marcha las obras, hasta que el golpe militar de 1973 frustró la iniciativa. La muerte de Neruda, pocos días después del golpe militar, terminó por echarla al olvido.

La idea durmió hasta 1987, cuando escultores de todo el mundo participaron en un concurso que culminó con la instalación de sus obras, inspiradas en el Canto general, en los terrenos destinados a Cantalao, pero la maleza tapó las esculturas y también la memoria de quienes debían responder con recursos financieros al sueño de Neruda.

La ilusión reapareció en 1991, cuando el tema central de la Bienal de Arquitectura fue precisamente Cantalao. Los ganadores, Hugo Molina y Gloria Barros, diseñaron un pueblo con bosques y una trinchera muy especial, cuyo trayecto forma la palabra palabra.

Quienes caminaran por la palabra irían encontrando en cada recoveco los poemas de Neruda escritos en los muros, y al final, el Muelle de la espera, un edificio que se adentra en el océano y en cuyo interior habrá una sala de convenciones, un gran acuario y una impresionante vista al mar.

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