Camino de Santiago, a trompicones

Tres hermanos muy mal avenidos se ven obligados a hacer juntos el Camino de Santiago como condición indispensable para poder disfrutar de la herencia que les ha dejado su madre. En la forzada excursión se les unen un paciente guía, dos jóvenes de origen magrebí, uno de los cuales cree ir hacia la Meca, dos chicas estudiantes y una mujer que lucha contra un cáncer.

Coline Serreau (Tres solteros y un biberón, Caos) carga su mochila de las mejores intenciones, un embellecido sentido del paisaje campestre (bonitos Pirineos) y un amplio repertorio de temas de actualidad (de la enfermedad a la integración multicultural, pasando por el amor o la alienación del hombre moderno) en esta road movie coral y plural a mayor gloria de sus intérpretes (especialmente Jean-Pierre Darrousin y Muriel Robin) y de un sentido del humor tragicómico no demasiado sutil que abunda en la caricatura y el trazo grueso.

Narrada con ritmo e impulso, a saber, siempre hacia delante contra viento y marea (no faltan numerosas secuencias de transición al estilo video-clip e incluso algunas escenas oníricas), Peregrinos se estanca considerablemente pasada su primera mitad. Es entonces cuando, agotadas las tramas asociadas a cada personaje, la película empieza a dar ciertos síntomas de agotamiento y a ponerse innecesariamente blanda y trascendente. Todo ello no impide, empero, que haya que terminar la faena y sellar el pasaporte de peregrino. Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Y permítanme una recomendación literaria que viene al pelo: A trompicones, del amigo Iñigo Ybarra, que también fue a Santiago y lo puso por escrito con más gracia.

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