El Cadillac de las autopistas del jazz

  • Un vistoso libro repasa con textos e imágenes los 75 años de vida del legendario sello Blue Note

"Los fundadores de Blue Note, Alfred Lion y Frank Wolff, llegaron a Estados Unidos como inmigrantes para escapar de la terrible opresión de la Alemania nazi, y lo que lograron fue algo verdaderamente sorprendente. Al captar una auténtica expresión musical en un lugar libre, donde la música, el arte y la poesía podían florecer con libertad, demostraron el auténtico significado de la democracia". Las palabras de del saxofonista Wayne Shorter, extraídas de uno de los prólogos incluidos en Blue Note: Uncompromising Expression (Blume, 2014), denotan el orgullo propio de quien edificó los cimientos de su brillante trayectoria al amparo de una de las etiquetas más fabulosas que ha deparado la historia del jazz.

Su puesta en marcha en Nueva York, con un Lion estimulado por la positiva experiencia de marcas independientes como Commodore Records, abrió puertas a unas primeras referencias que vieron la luz el 3 de marzo de 1939. Los pianistas Meade Lux Lewis y Albert Ammons protagonizaron su debut en un formato de 12 pulgadas reservado hasta entonces a la música clásica. Lion cuidó tanto música como imagen y su luego famoso logotipo comenzó despuntar en los años 40, reforzado ya por la incorporación de Wolff y de Ike Quebec como cazatalentos y asociado a movimientos incipientes como el be bop. Ese compromiso con la modernidad permitió que nombres de la dimensión de Bud Powell, Miles Davis, Thelonious Monk, Milt Jackson, Sidney Bechet, Clifford Brown, Art Blakey o Fats Navarro contribuyeran a la propagación de un sello cuya identidad ganó peso tanto por la calidad de sus propuestas y de sus registros de grabación, liderados por el exigente Rudy Van Gelder, como por una estética ya fijada en las iniciales portadas de Paul Bacon y luego expandida a través de las soberbias cubiertas diseñadas por Reid Miles partiendo de fotografías de Wolff, a las cuales se sumó puntualmente alguna firma especial como Andy Warhol.

El sello capturó episodios esenciales de la era hard bop y su ya relevante nómina se agrandó con las aportaciones de John Coltrane -con Blue Train (1957), su único álbum para la etiqueta-, Kenny Dorham, Horace Silver, Sonny Rollins -A Night At The Village Vanguard (1958), primer disco de la larga serie registrada en directo en el fantástico local de Greenwich Village neoyorquino-, Jimmy Smith, Eric Dolphy, Sonny Clark, Cannonball Adderley, Kenny Burrell, Donald Byrd, Lee Morgan -y su exitoso The Sidewinder (1964)-, Jackie McLean, Sheila Jordan, Wayne Shorter, Herbie Hancock, Bobby Hutcherson, Joe Henderson y otros en cuya música se debe seguir el rastro evolutivo del jazz durante aquellos años.

La irrupción de nuevas formas -soul, free...- a finales de los 50 no cogió desprevenido a Blue Note y su contacto con la vanguardia se plasmó en entregas de Grachan Moncur III, Andrew Hill, Don Cherry, Cecil Taylor o el mismo Ornette Coleman. Ello no impidió que la estructura empresarial se alterara y la discográfica comenzó a flaquear, sacudida por la repercusión comercial del pop y el rock, además de por problemas de salud de un Lion que, pese a que no fallecería hasta 1987, vendió en 1966 la marca a Liberty Records que, a su vez, sería adquirida en 1968 por Transamerica Corporation. Con Francis Wolff trabajando todavía como productor, el sello Blue Note comenzó a diluirse en aquella maraña industrial. Su muerte en 1981 abrió fase de cambios e inestabilidad de la que se recuperó en 1985 bajo la tutela multinacional de EMI, con Bruce Lundvall y el productor Michael Cuscuna al frente. Su política de equilibrio entre fondo de catálogo y novedades, de la mano de veteranos y de pujantes nombres -Bobby McFerrin, Stanley Jordan, Greg Osby, Joe Lovano, Gonzalo Rubalcaba...-, reavivó un pulso que se abrió a nombres ligados al rock -Van Morrison-, a ámbitos como el hip hop a través del proyecto US3 o más recientemente al pop gracias al éxito de Norah Jones. Medeski, Martin & Wood, Jason Moran, Terence Blanchard, Ambrose Akinmusire, Robert Glasper o el cantante Gregory Porter son recientes muescas en la culata de un sello al que Billboard definió en 1966 como "el Cadillac de las autopistas del jazz" y cuya vida también queda resumida en una caja de cinco CD de análogo título al del libro.

Las casi 400 páginas del vistoso Blue Note: Uncompromising Expression trazan una acabada travesía por su cronología e hitos discográficos. Sin ser un libro de autor, los textos de Richard Havers reconstruyen su historia mientras que los capítulos discográficos retoman notas de los álbumes originales, reseñas mediáticas o declaraciones de protagonistas para redondear un enciclopédico volumen cuyo remate es una estupenda colección de portadas y fotografías procedentes del archivo del sello. Al fin y al cabo, sus soberbios discos siempre presumieron de atraer tanto a oídos como a ojos de los aficionados al jazz durante sus 75 años de vida. Un periodo que, a tenor de lo que subraya Don Was, su actual presidente, en su correspondiente prólogo, tiene visos de seguir adelante "en nuestra búsqueda de música auténtica y con alma".

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