Benito Zambrano, la historia entre el Dogma de Lebrija y el éxito de 'Solas'

  • El sevillano visita Tarifa para apoyar el festival de cine africano · El director compara las dificultades que afrontó para aprender el oficio con la situación actual en muchos países del continente vecino

La sexta jornada del Festival de Cine Africano de Tarifa (FCAT) recibió ayer la visita del director sevillano Benito Zambrano, uno de los apoyos más conocidos que ha encontrado este año el certamen y quien además también participó en la presentación de la muestra que se realizó en Madrid. Zambrano, que en los últimos tiempos se ha involucrado en la cinematografía del vecino continente, tomó parte en una mesa redonda de las jornadas profesionales que clausuró el FCAT después de tres días de trabajo. Tarifa se propuso hablar de las escuelas de cine y de la formación cinematográfica al otro lado del Estrecho, lo que sirvió para que el cineasta sevillano repasara sus complicados comienzos en el celuloide en su Lebrija natal con una intervención, sazonada con mucho humor, difícil de haberse encontrado en otros foros.

Zambrano, contó el propio protagonista, realizó sus primeros aprendizajes en el cine de forma autodidacta y de manera muy intuitiva, lo que le sirvió para tender un puente entre la situación a la que él se enfrentó aquí hace algo más de 20 años y la que ahora afrontan los aspirantes a realizador en muchos países de África. El sevillano se remontó incluso a una época más cercana. "Ya en los noventa en Andalucía todavía no había escuelas de cine. Ni siquiera cursos. Por no tener no teníamos ni productores", subrayó.

"Yo, con 14 o 15 años, no quería ser cineasta", contó el director. "En realidad, con 22 aún no había visto una cámara. Mi formación audiviosual como cinéfilo fue la que nos enseñó la televisión. Cuando yo me maravillé por primera vez con el cine fue con películas como El color púrpura o La misión. En mi pueblo habían desaparecido los cines".

"Lo que quería era hacer teatro -reveló Zambrano-, pero descubrí que era muy mal actor". El sevillano retrocedió a cuando apareció el vídeo comunitario en su pueblo -"yo tiraba cables"-, a cuando llegaron las primeras cámaras y a cuando todo el mundo debió tragarse plenos municipales íntegros. "El Dogma nació en Lebrija", bromeó.

El sevillano recordó cómo montó cortos de curiosas revisiones de clásicos, como uno en el que Bernarda Alba se atraganta con jamón. "Sentía que deseaba contar historias" y surgió la posibilidad de estudiar en la escuela San Antonio de Baños de Cuba. Allá fue, con el germen de un guión. "El único sentido de la escuela fue encontrar una respuesta a por qué quería hacer yo cine. Todo lo que fui aprendiendo lo hice para desarrollar la idea de Solas", explicó.

Zambrano regresó de Cuba con la "ilusión de hacer cine", con Solas encauzado y un nuevo germen, que terminaría siendo Habana Blues. Su historia personal despegó con el boca a boca de su ópera prima y los cinco Goyas que consiguió.

Fue el cierre de las jornadas profesionales que por primera vez ha celebrado el FCAT. Durante tres días Tarifa ha analizado el estado del sector audiovisual en África, con presencia de muchos de sus agentes. Las conclusiones más importantes se reunirán y se publicarán.

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