Agnès Varda, "la primera marginal" premiada en el Festival de San Sebastián

  • La 'abuela' belga de la 'Nouvelle Vague' recibe el primer Premio Donostia

Angès Varda, ayer en el Teatro Victoria Eugenia con su Premio Donostia. Angès Varda, ayer en el Teatro Victoria Eugenia con su Premio Donostia.

Angès Varda, ayer en el Teatro Victoria Eugenia con su Premio Donostia. / juan herrero / efe

La directora belga Agnès Varda (Bruselas, 1928) recibió ayer el primer Premio Donostia de la 65 edición del Festival de Cine de San Sebastián. "Es un premio que dan a gente con éxito comercial. Veo la lista de quienes lo han recibido antes que yo y todos estrellas. Así que, la verdad, me siento como la primera premiada marginal", dijo con humildad y sentido del humor al recoger el galardón durante una ceremonia en el Teatro Victoria Eugenia. Tras ella, en otras jornadas, lo recibirán también el actor argentino Ricardo Darín y su colega italiana Monica Bellicci. Ambos, en efecto, rostros conocidos, grandes reclamos de las películas donde aparecen: estrellas.

El director del certamen donostiarra, José Luis Rebordinos, fue el encargado de entregarle el reconocimiento a la veterana artista, que fue largamente ovacionada por un público puesto en pie. La homenajeada, sin poder disimular su emoción, pronunció unas breves palabras en español: "Es una sorpresa y un placer, es muy fuerte".

Varda fue de las pocas mujeres directoras que empezó a trabajar durante la eclosión creativa de la Nouvelle Vague en Francia. Considerada tambén pionera del cine feminista, matizó que ella prefiere hablar de "cine radical". Pero no dejó de hacer un llamamiento: "Mujeres -proclamó-, salid de las cocinas, salid de las universidades y haced cine". A ella le costó lo suyo, rememoró; durante toda su vida ha pasado "más tiempo buscando financiación que haciendo las películas". Finalmente, al menos sus esfuerzos encontraron algunas recompensas. "Las mujeres comenzaron a ser aceptadas en la industria del cine cuando empezaron a hacer dinero. Mis filmes, la verdad, tenían poco éxito de taquilla, pero sí tenían calidad, o eso pensaban algunos, lo cual es otra forma de tener éxito".

En Cleo de 5 a 7, una de sus primeras y más aplaudidas películas, Varda repasaba casi en tiempo real las horas en las que la protagonista espera un veredicto médico. Sin techo ni ley (1985) reconstruía mediante saltos temporales al pasado los últimos meses de vida de una adolescente vagabunda. Varda ha compaginado la ficción con aclamados e innovadores documentales como Daguerreotypes (1976), que dio a conocer a los comerciantes de la calle en la que vivía en París, o Los espigadores y la espigadora (2000), un recorrido por la Francia más marginal.

El carácter social de su cine y sus videoinstalaciones, dotados siempre de una marcada voluntad experimental, son señas distintivas de esta pionera en la forma de mirar la vida a través de una cámara. Viuda del también realizador Jacques Demy, a sus 89 años y pese a sus problemas de visión está lejos de jubilarse. Su última película, Caras y lugares, que se proyecta ayer en San Sebastián, y realizada conjuntamente con el fotógrafo y artista callejero francés JR, propone un viaje por los pueblos de Francia y un encuentro con sus vecinos anónimos.

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