Tánger-Med, mucho más que un puerto

  • 750 empresas rodean los muelles de Tánger, región que acumula 8.000 millones de inversión desde 2007

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Desde el alto del Cabrito, en Tarifa, los días de poniente permiten ver con claridad en el horizonte el perfil de las grúas portacontenedores del puerto marroquí de Tánger-Med. El complejo ocupa nueve kilómetros de frente marítimo a los pies de una sierra cuyas lomas descienden hasta dar con la orilla africana del Estrecho de Gibraltar, el segundo punto más activo del mundo para las rutas del comercio internacional.

Más de un millón de barcos cruzan al año la angostura entre Europa y África. Y hasta hace menos de diez, prácticamente todo el tráfico de transbordo escalaba en el puerto de Algeciras, el primero de España por volumen de mercancías despachadas.

Marruecos se embarcó en 2003 en un proyecto para captar la atención de las grandes compañías marítimas con la construcción de la primera fase del puerto de Tánger-Med, que comenzó a operar en 2007 con APM Terminals y Eurogate. Las dos mueven casi tres millones de contenedores al año en una dársena que aspira en 2019, con las ampliaciones ya en construcción, a superar en capacidad a Algeciras con hasta 9 millones de contenedores repartidos en cuatro terminales.

La explanada portuaria está conectada con 174 muelles de todo el mundo repartidos en 74 países y, al igual que Algeciras, también ofrece servicios de almacenamiento de combustible y graneles además de los contenedores alineados por grúas semiautomáticas. Unos 265.000 camiones entran o salen cada año del recinto con mercancías, prácticamente todos hacia la orilla española del Estrecho.

Pero la región de Tánger es mucho más que su puerto. Al calor del desarrollo logístico y los incentivos gubernamentales, las principales multinacionales han visto en el norte de África, animadas por una gran flexibilidad a la hora de instalarse, la oportunidad de producir con calidad europea y costes sensiblemente inferiores.

Las cifras dan vértigo. En apenas una década el desarrollo del puerto y la plataforma industrial anexa suma 8.000 millones de inversión pública y privada que se reparten entre el millar de hectáreas de Tánger-Med y otras 1.600 para factorías y zonas logísticas repartidas en seis polos a lo largo de la región, de los que dos tienen tratamiento fiscal diferenciado como zona franca, según pudo comprobar este periódico durante un reciente viaje organizado por la Oficina Nacional de Turismo de Marruecos. Todo el engranaje exporta productos valorados en 5.500 millones de euros cada año. Y subiendo.

Más de 750 empresas han elegido Marruecos para fabricar, lo que ha supuesto la creación de 65.000 empleos, según datos de la Autoridad Portuaria de Tánger-Med ofrecidos con motivo del aniversario de lo que el país atribuye a la "visión de futuro" del rey Mohamed VI.

Las corporaciones de origen francés son mayoría por los vínculos históricos entre ambos países. El grupo Daher elabora en sus dos factorías, la última abierta hace escasas semanas, piezas para el avión Airbus 320 o los helicópteros Bombardier. Tienen 500 trabajadores y prevén llegar a 800 en 2020 en los 23.400 metros cuadrados que suman las dos plantas. La firma resalta la formación del personal y la proximidad a Europa como valores para invertir en el país.

El grupo Siemens, que la pasada primavera compró la española Gamesa, acaba de abrir una nave para fabricar las palas para aerogeneradores de 65 a 73 metros utilizando la tecnología española. Ha supuesto una inversión de 100 millones de euros y generado 600 empleos para los que hubo 17.000 candidatos, según sus directivos.

Todo este desarrollo industrial se refleja en la ciudad de Tánger (que roza el millón de habitantes) donde en los últimos años ha emergido visiblemente la clase media. En el tráfico, los vehículos de Dacia -principalmente el Logan- han sustituido a los vetustos Fiat Uno de color aguamarina para el servicio de taxi y la trama urbana da signos de una ordenación más europea. Junto al paseo marítimo Mohamed VI se levantan hoteles de las principales cadenas internacionales para atraer al turismo de todos los rincones del mundo que se deja ver por la medina, el intrincado laberinto de calles amuralladas que mira hacia el Estrecho. El bullicio y la vida en la calle permanecen, no obstante, inalterados.

Las empresas instaladas en el cinturón industrial son reacias a dar cifras exactas de los costes laborales en un país donde el sueldo mínimo asciende a 1,30 euros la hora (240 euros al mes). Los directivos consultados durante la visita se limitan a enfatizar que las condiciones son muy superiores a la base legal -puesto que rigen convenios propios- y que permiten vivir holgadamente. Y también resaltan que el Gobierno marroquí aporta una garantía de estabilidad para el cambio entre el Euro y el Dirham así como beneficios fiscales.

Marruecos no se conforma solo con Tánger-Med como la punta de lanza del desarrollismo. Las autoridades planean ya la construcción de otro gran puerto en Kenitra, en la región de Rabat y abierto al Atlántico, junto a una ciudad de poco más de 140.000 habitantes surcada por el río Sebú. El Ministerio de Fomento de Marruecos espera que este otro complejo portuario esté plenamente operativo en 2030.

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