Pilar Espejo · Directora del conservatorio de música profesional de La línea

"Hemos planteado un nuevo modelo para vender la marca Muñoz Molleda"

  • "Los conservatorios somos el patito feo de la enseñanza", señala.

La directora del conservatorio de La Línea, Pilar Espejo, junto a profesores y alumnos del centro. La directora del conservatorio de La Línea, Pilar Espejo, junto a profesores y alumnos del centro.

La directora del conservatorio de La Línea, Pilar Espejo, junto a profesores y alumnos del centro. / Erasmo Fenoy

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En 2008 Pilar Espejo, nacida en Albacete y criada desde los seis años en Algeciras, desembarcó en La Línea para formar parte del claustro de profesores del Conservatorio Profesional de Música Muñoz Molleda, que dirige desde 2013. Este año ha sido nombrada vicepresidenta de la asociación de directores de Andalucía y estando al frente del linense acaba de convertirlo en el primer centro de formación musical dentro de la red de escuelas de la Unesco, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación.

–Dirige un conservatorio que no para de crecer. ¿Cuál es el éxito?–Estamos muy contentos y que nos incluyan en la red de escuelas asociadas de la Unesco es ya un escaloncito más para estar en contacto con otros centros. Es el primer conservatorio y espero que pronto se adhieran más. La principal ventaja que tiene es el intercambio de experiencias y para ello vendría bien que otros conservatorios se acercaran a la Unesco. El éxito está en unas ganas de trabajar infatigables y en ayudas externas como la que viene de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) o el propio Ayuntamiento de La Línea. Pero sobre todo la edad media del claustro es muy joven y trabaja con comodidad, todos son de fuera de la ciudad y hay un trato muy humano. Hay muy buen ambiente y eso se transmite al exterior.

–Vincular la palabra Unesco al Muñoz Molleda es positivo. ¿Lo percibirá la ciudad?–Nosotros no hemos tenido que forzar ninguna actividad para conciliarlo con lo que se espera de un centro adscrito a la Unesco. Ya directamente casi sin saberlo empezamos a trabajar por ahí. De cara al alumnado sí se notará porque las actividades irán marcadas en esa línea. Sobretodo nos vamos a acoger a la preservación del patrimonio cultural y, evidentemente, a la tolerancia, igualdad y respeto a otras culturas.Esto quizás sí lo plasmaremos de una forma más consciente hacia al alumnado.

–La idea es crear, además de músicos, buenas personas.–Efectivamente. La Unesco es una unión de naciones para la preservación de la cultura, la ciencia y la educación, pero siempre desde la base de ser un gran ser humano. Lo que se pretende es conseguir que nos respetemos. Si ahora el claustro al mismo tiempo muestra un modelo a seguir y mediante todas las actividades del centro se trabaja en esta línea, evidentemente, tenemos una base a nuestro favor y es una gran responsabilidad por nuestra parte usarla de la mejor manera posible.

–El conservatorio linense tiene repercusión mediática dentro y fuera del Campo de Gibraltar.–En los últimos años hemos hecho un cambio planteando un nuevo modelo de trabajo desde el centro, sobretodo de vender nuestra marca y nuestros triunfos con el alumnado, que está llegando muy lejos. Me sorprendí cuando llegué en el 2008 a La Línea porque muchos ciudadanos ni conocían que había un conservatorio profesional de música y de enseñanza pública. Me parecía importante que la institución como tal se diera a conocer y por eso quizás en los últimos años se ha hablado mucho más del conservatorio.

–Aunque esté en La Línea el centro no es sólo patrimonio de esta localidad porque tiene alumnado de toda la comarca y de fuera.–Tenemos estudiantes de Algeciras, Los Barrios o San Roque, pero también de la zona de Estepona, Marbella, Jimena...El siguiente conservatorio profesional de música que nos encontramos en dirección Málaga es el de Fuengirola y a muchos alumnos de la provincia vecina les viene mejor venir a La Línea.

–¿A la hora de exigir como profesores os sentís al mismo nivel que un centro educativo de régimen general?–Somos enseñanza de régimen especial, dado que nuestras enseñanzas no son obligatorias, pero nosotros tenemos una responsabilidad similar o casi a veces mayor, porque si tienes a un alumno a solas contigo una hora y media no es lo mismo que una dinámica de grupo. Cualquier tipo de contacto en el que haya un proceso educativo con un menor de edad es de vital importancia. Una cosa son los contenidos que los profesores enseñamos y otra las actitudes que podemos fomentar con nuestra forma de tratar y corregir al alumnado. Son plastilina en nuestras manos y somos muy responsables de lo que puedan ser en un futuro.

–¿Y cuando hay que reivindicar a las administraciones?–Bueno, en este curso me han nombrado vicepresidenta de la Asociación de Directores de Conservatorios de Andalucía, cuya finalidad al igual que la del resto de asociaciones de Primaria y Secundaria es tener una voz frente a la administración, de intentar transmitir desde la experiencia del docente y de la dirección cuáles son las necesidades a cada tipo de servicio. En ello estamos. Sí es cierto que somos el patito feo y puedo llegar a entender que la enseñanza obligatoria es la obligatoria. Pero tampoco pienso que la administración en sí misma lo haga de forma consciente. A veces la falta de recursos lo mismo que la hay en los medios también la hay en las propias delegaciones. Pero en eso estamos, en que nos presten atención, aunque en mi caso no me siento mal atendida en absoluto, pero todo es mejorable.

–Dada su experiencia. ¿Es necesario dos conservatorios en la comarca (Algeciras y La Línea) o podría enfocarse la enseñanza en uno y ganar más recursos?–Sinceramente estoy totalmente a favor de que existan los dos centros porque de lo que se trata es de facilitar nuestras enseñanzas a la población. De hecho la política de la Junta al respecto es extender que se puedan impartir los primeros cursos de enseñanza profesional. Lo único que se pretende es más movilidad del profesorado, no se trata de tener más conservatorios sino de dar facilidades a las familias porque es alumnado que empieza enseñanzas profesionales con doce años y son muy pequeños a veces para coger un autobús y a las familias, por circunstancias, les cuesta trasladar al alumnado. Creo que está bien tener los dos centros aunque haya cierta cercanía porque si realmente no hubiera alumnado suficiente la propia administración habría tomado alguna decisión al respecto.

–¿Es vital nacer con talento para la música o se puede formar a una persona para que llegue a la excelencia?–Es muy complicada la pregunta. Evidentemente ciertas cualidades siempre son necesarias, pero si no se fomenta a una edad temprana de poco vale. Ya no es sólo tener la facilidad y la oportunidad de comenzar temprano la formación musical, también hay que incluir la propia personalidad y la familia porque tocar un instrumento o ser músico y llegar a tener toda la formación es una carrera de fondo. Nuestro alumnado prácticamente no pisa la calle y está todo el día entre un examen de instituto y la obra que tiene que preparar, entonces se les podría ayudar un poco más, pero son cuestiones legislativas. Si el alumnado no tiene ese tesón y fuerza de voluntad al final se queda a mitad de camino y puede haber muchos talentos perdidos porque en las familias no se den las circunstancias adecuadas. Son muchos los factores a tener en cuenta, todo no lo tiene el talento y el trabajo.

–¿Qué beneficios puede tener para un menor complementar sus estudios con enseñanza musical?–Eso está muy estudiado y demostrado. La práctica de un instrumento y de la música fomenta el desarrollo del pensamiento músico-matemático y la visión espacial. Son áreas del cerebro que se activan más, e incluso a niños con problemas de hiperactividad les suele venir bien a nivel terapéutico. El Muñoz Molleda nace del conservatorio entre padres y profesores que generan un colectivo sin ánimo de lucro que es Asociación, Educación y Promoción Musical Linense. Empezamos con niños de 4 años y ahora hay hasta de 3 años. Se les da clases de música en movimiento, de iniciación a la música y también trabajamos con niños de necesidades especiales que tienen a lo mejor algún grado de autismo o de trastorno del lenguaje. Todo eso lo hacemos porque la música es muy favorecedora para el desarrollo del pensamiento y la educación de un niño.

–Se entiende que la música no es sólo para románticos.–Lo más normal por la edad –siete años– que tiene el alumnado que ingresa en el conservatorio es que los padres sean quienes echan la preinscripción y acercan a los hijos. Lo cual no quita que una vez entre en contacto con la enseñanza le encante. Por eso queremos buscar otras vías de llegar directamente a los niños a través de talleres infantiles.

–Gran parte del peso de la actividad cultural linense es gracias al conservatorio. ¿Responde La Línea a lo que ofrecéis?–La verdad es que si se refiere a la asistencia a los actos debo decir que si, tengo que estar muy agradecida también a los medios de comunicación, tenemos mucha ilusión y ganas de trabajar. Los conciertos que organiza el Muñoz Molleda suelen estar llenos y hasta con gente en los pasillos. Nos han llamado incluso la atención por tema de aforo y eso anima mucho más a seguir organizando actividades.

–¿Tener una conservatorio y esa oferta musical sirve para educar a la ciudad a nivel cultural?–Creo que sí porque no son sólo nuestros alumnos y sus padres los que asisten a nuestros conciertos, creo que hemos conseguido que gente aficionada a otro tipo de música o bien porque nos han visto en persona, porque vivimos muy a pie de calle, nos conozcan. Eso hace que estés más cercano y acerca a la gente al mundo de la música clásica y no tan clásica, porque también nos gusta acercarnos a otros rangos como el flamenco, la música electrónica o el jazz.

–El conservatorio es una marca de La Línea que se exporta. ¿Sabe la ciudad de la importancia nacional del Muñoz Molleda?–Llevamos tres años consecutivos con la UIMP patrocinando uno de los conciertos del ganador del Barcelona Piano Academy, con lo cual ya directamente en Barcelona aparecemos como patrocinadores y se nos conoce. Y quizás lo que más nos hace que se nos conozca fuera, le voy a dar su sitio a la Sociedad Musical Linense, es el curso de Mar a Mar que lleva muchos años haciendo un excelente trabajo. También destaco el éxito de nuestro alumnado en las pruebas de acceso en los conservatorios superiores de todas las comunidades autónomas. Que los que ocupan los primeros puestos son del Muñoz Molleda, de La Línea, y eso lo llevan con mucha honra y lo dicen, eso es lo que más grande te hace, que tu propio alumnado te deje en ese lugar y que a nivel académico te asegura que pueda ocupar los primeros puestos sin necesidad de venir de Sevilla, Madrid o Barcelona, sino de La Línea.

–¿Usted toca algún instrumento?–Claro, por supuesto. Soy pianista. Comencé a estudiar con siete años, fue fruto del azar. Tengo ahora 41 años y en la época que comencé mis estudios no existían conservatorios. Se tenía un profesor particular y se hacían exámenes como alumno libre y, en el caso de Algeciras, con el conservatorio profesional de Ceuta. Así me fui sacando el grado elemental y profesional. Al poco de terminar la enseñanza empecé a trabajar al año siguiente y compaginé mis estudios con las enseñanzas superiores, que sí las cursé oficiales en el conservatorio de Málaga.

–¿Cuando empezó en la música sabía que se quería dedicar a enseñar música?–En absoluto. Siempre me ha gustado muchísimo la música. Soy la primera en mi familia en tener una formación musical académica. Detrás viene un sobrino que tiene el título superior de piano. Pero siempre ha sido una especie de hobby, pero con mucha dedicación. Mis padres se preocuparon mucho de que me dieran clase buenos profesores, de hacer las matrículas correspondientes pero sin ningún tipo de presión. Terminé COU con matrícula de honor, me hubiera gustado hacer estudios de Arquitectura pero mi familia no podía costearme estudios fuera de la ciudad, con lo cual hice la matrícula en la Escuela Politécnica en Ingeniería en Algeciras. Luego fui a un concierto de piano y se me caían dos lagrimones y pensé ‘¿Voy a cambiar el piano por estar en una zona gris con un casco?’. Y pensé que no era lo mismo y hablé con mi familia sobre cambiar mis planes. Eso hice y no me arrepiento en absoluto. Eso me ha dado mucha felicidad y muy afortunada de dedicarme profesionalmente a lo que puede ser el hobby de cualquier persona.

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