La Sal de los días

Un 'promesómetro' con registro

  • Es preciso un sistema independiente, riguroso y cuantificable para analizar qué grado de cumplimiento tienen las propuestas de los políticos. No hay peor incentivo para la abstención que las promesas sin control que nunca se llevan a la práctica. Pedir cuentas al candidato es un sano ejercicio de ciudadanía.

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QUE si nos van a dar 400 euros, que si el aeropuerto mejor nuevo que ampliado, que si en cuatro años habrá pleno empleo, que si tendremos más meses de permiso de maternidad/paternidad para que España no siga envejeciendo, que si subiremos las pensiones para aumentar el poder adquisitivo de los mayores, que si bajaremos los impuestos… Todo el rosario de promesas que se oirá estos días debería quedar registrado en algo mucho más objetivo que las hemerotecas, porque éstas tienden a ser un conjunto de archivos mezclados, enrevesados, y que aportan poca concreción cuando se reúnen los cientos de mensajes que se emiten estos días. Abogo pues por un sistema mucho más concreto y, si me apuran, sencillo: el promesómetro. Su funcionamiento se resumiría en una base de datos con dos parámetros: idea, promesa y cuantificación de la misma. El arbitraje correspondería a un organismo independiente tipo Junta Electoral Central y nunca a los propios grupos políticos. Así, cada partido, como si de una hoja de ruta de tratara, debería ir registrando su propuesta con los fondos, beneficios o reformas fiscales que se estimaran oportunos para aplicarla. El segundo paso sería llevar la idea al Registro de la Propiedad Intelectual para evitar copias baratas o proposiciones más o menos plagiadas, pues la originalidad cada vez se costea más cara entre nuestros políticos, empeñados ahora que dicen que hay crisis en ponernos un buen sueldo mensual a todos cueste lo que cueste. Todas las promesas tendrían, como es lógico, la misma repercusión mediática de ahora y serían, como no, públicas. Al acabar la campaña se podrían revisar una a una las iniciativas y no habría error. Para muestra un botón. Que José Antonio Nieto, primero, y luego Mariano Rajoy prometen un aeropuerto nuevo, pues se apunta en el promesómetro y se registra la idea y cuando pasen cuatro años se les dice: a ver, Mariano, qué hay de lo nuestro. Ya te estás buscando los terrenos, si no, la próxima, te va a votar Rita la cantaora. Claro que si este mecanismo de medición de promesas hubiera existido hace cinco legislaturas, las mismas que Manuel Chaves lleva prometiendo una drástica rebaja del desempleo y una mejora de las condiciones laborales en Andalucía, el presidente de la Junta estaba ahora en las encuestas mucho peor colocado que Eva Hache.

Con el registro de la promesa y el de su autoría se evitarían además algunas de las fuguillas de ideas que hay por ahí. Y es que recientemente me dijo un alto cargo del PP que la promesa de los populares de rebajar a cero los impuestos a quienes ganen menos de 16.000 euros la estaba perfilando el PSOE, pero Mariano se adelantó y se la quitó a los socialistas, lo que da una idea de la lejanía política de ambos en los temas que preocupan a la gente. Y es que este promesómetro también serviría, precisamente, para comprobar, sobre el papel, el matiz de izquierda o derecha, si es que existe todavía en las altas esferas políticas, que tiene cada una de las iniciativas registradas.

Pero ningún político aceptaría la existencia de ese promesómetro porque en éste sólo cabría la concreción y la objetividad más absoluta, nada de dudas, ni de matices, ni de interpretaciones. Porque, vamos a ver, señores del PSOE, por ejemplo: ¿Ustedes apoyan la parada del AVE en Los Pedroches sí o no? Tienen hasta el 8 de marzo para decirlo. La respuesta se apunta. Si es que sí, la esperamos; si es que no, ya sabemos a qué atenernos sin género de duda ni ambigüedades. Cuestión de prioridades. Vamos a ver, señores del PP: ¿Se comprometen a que la autovía Córdoba-Toledo tenga vía libre en los próximo cuatro? Sí o no. Opinión registrada en el promesómetro y a pedir cuentas.

Sería muy fácil implantar este sistema, aunque a muchos les costaría quitarse la careta y ponerse manos a la obra en asuntos palpables por la ciudadanía, porque pelearse por ETA, la presunta crisis, los estatutos, los déficit de la educación o la sanidad que ha provocado el contrario dejan en el aire demasiadas incógnitas que no se acaban nunca por concretar. Y es que en este país los dos grandes partidos tienen que ver con el diseño de los grandes temas de Estado, pero ninguno asume sus fracasos. Todo es culpar al otro. Con el promesómetro de las propuestas reales no pasaría eso y la gente recuperaría la confianza en la política pues se daría cuenta de que todo esto sirve para algo.

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