Un rotundo Perera corta cuatro orejas en La Línea

  • El diestro pacense cuaja dos buenas faenas · El Cordobés y Rivera Ordóñez pasean un trofeo cada uno · El encierro de Carlos Núñez ofrece toros de calidad y nobleza, destacando el segundo de la tarde

Los caprichos del destino podría ser el título de la crónica de lo que ocurrió ayer en la segunda del abono de la feria linense. La historia del toro Rompepotros, el segundo de la tarde, comienza hace cuatro año en su finca Tapatana, en el término de Tarifa. Durante todos esos años recibió el cuidado y el mimo de su ganadero, Carlos Núñez, el mismo que el resto de sus hermanos de camada. El destino quiso que lo reseñaran para la feria de La Línea, y que la empresa Escarcena se fijara en sus hechuras para ser lidiado en esta plaza. De nuevo el caprichoso destino hizo que por la mañana la bolita del sorteo con el número de Rompepotros la sacara la cuadrilla de Rivera Ordóñez. Todavía el toro no sabía lo que el destino le iba a deparar.

Y salió a la plaza. Fue un toro en el tipo de Núñez, bonitos de hechuras y de perfecta lámina. Vamos un toro guapo. Y salió con esa alegría de este encaste, empujó en el caballo y en banderillas, el capote del peón de brega le mostró a Rivera como iba a ser en la muleta. El diestro madrileño estuvo y anduvo delante de un animal, que en cada serie se preguntaba, el por qué. Un toro noble, con movilidad, transmisión, calidad, que arrastraba el hocico y que de vez en cuando le echaba una mirada a Perera de por qué tu no. La vida se le iba a Rompepotros en cada serie de Rivera, como la del propio ganadero, que veía como el toro pedía mediante gritos de embestida una oportunidad para vivir. Pero de nuevo el caprichoso destino hizo que el final de este toro fuera el de la puerta de arrastre y no el camino de la gloria hacia Tapatana.

Un destino que ha marcado a Miguel Ángel Perera con la aureola de torero grande, camino de convertirse en figura de toreo de verdad, de aquellos que mandan dentro y fuera de la plaza. Perera dejó claro ayer que todavía no tiene techo. Ante su primero, un toro que tuvo calidad, el pacense cuajó una serie al natural cumbre. Le imprimió despaciosidad, temple y sobre todo clase al de Núñez. Pisó terrenos comprometidos, buscando las cercanías del toro, demostrando que Perera se encuentra a gusto toreando en estos terrenos. Faena de poder. La estocada fue fulminante y paseó las dos primeras orejas de la tarde.

Pero la cosa no quedó ahí. En el que cerró plaza, el diestro extremeño cuajó una faena medida, con la inteligencia necesaria para hacer al toro. El de Núñez, muy en el tipo como todo el encierro, pecó de fuerza pero fue noble. Perera le pegó varias series por el derecho, en algunas bajándole la mano y rematando con el de pecho hasta el final. De nuevo pisó terrenos comprometidos del toro, buscando las cercanías del animal con reflejos de Paco Ojeda. Perera demostró que tiene una cabeza privilegiada y está seguro de sí mismo y donde quiere llegar.

También toreó Manuel Díaz El Cordobés, que tuvo en primer lugar un toro noble pero justo de motor. El de Arganda del Rey realizó una faena de recursos para sacar partido de un animal que pronto se apagó. En el cuarto, un toro más largo y engatillado de cuerna, Díaz le cogió la medida a mitad de faena, en un trasteo con series sin ligazón y sin apenas transmisión. Tampoco el animal rompió del todo.

El segundo de Rivera, también fue un toro bueno. No como Rompepotros. Puso banderillas que animaron al público y de nuevo con la muleta estuvo entre el bien y el mal. El toro también se llegó a preguntar el por qué, de tan caprichoso destino.

La de ayer fue una tarde diferente a la anterior. La corrida tuvo presentación, fue bonita de hechuras y hubo toros de nota y de mucha calidad para los toreros. Así sí, empresario, esa es la presentación de una corrida en La Línea, aunque a veces matemos al mensajero y pongamos el grito en el cielo. Así sí podemos, entre todos sumar en esta Fiesta tan bonita como es la de toros. Aunque el destino fuera caprichoso con Rompepotros.

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