Los más jóvenes volvieron a ser el alma de la fiesta

  • El rebujito y el tinto de verano, la mejor receta contra el calor · La plaza de Cruz Herrera, el paseo Fariñas y la calle Carboneros, los principales puntos de encuentro · El domingo continuó en las casetas y la playa

El domingo más esperado de todos los linenses ya había llegado. Eran tan sólo las diez de la mañana cuando cientos de jóvenes invadieron las calles del centro con miles de litros de alcohol para disfrutar del tradicional Domingo Rociero, algunos ni siquiera habían descansado de la primera noche de feria y decidieron continuar la fiesta.

Los rebujitos, el vino tinto, las cervecitas y el vino de manzanilla estaban a la orden del día de todos los jóvenes, que abarrotaron las calles del centro de la ciudad hasta bien entrada la tarde.

Algunos venían con carros de la compra repletos de botellas, vasos, hielo y algo para llenar el estomago, todos ellos decorados con el más mínimo detalle simulando carrozas de feria; otros con neveras de playa, ideales para mantener el suministro bien fresquito.

Por otra parte, muchos pubs y bares aprovecharon la jornada de ayer para montar sus barras a pie de calle y ofrecer a los transeúntes tubos de tinto de verano, copas, y cervezas, sin olvidar los recurrentes montaditos y pinchitos, una buena ayuda para mantener las fuerzas en un día tan especial para todos los linenses.

Uno de los lugares mas concurridos del Domingo Rociero fue sin lugar a dudas la plaza de Cruz Herrera, lugar habitual de marcha de los jóvenes linenses. Cientos de jóvenes disfrutaban del alcohol, de la música y de la buena compañía. Los baños de vino tinto y rebujito estaban a la orden del día para soportar el sofocante calor que hacía, mientras que las camisetas sobraban para poder disfrutar de la fiesta. Intentar atravesar la plaza era casi imposible por la gran cantidad de gente concentrada y el hecho de intentar atravesarla podía acabar irremediablemente en un refrescante baño de tinto, pegando botes al grito de Soy español , rodeado de gente a la que acababas de conocer unos minutos atrás. Las alusiones al ascenso de la Balona y la victoria de la selección española en la Eurocopa estuvieron presentes en los cánticos improvisados y en las camisetas de los presentes.

La calle Carboneros y la plaza de Fariñas albergaron un ambiente menos descontrolado, pero no por ello menos divertido. Pasearse unos minutos por las calles acababa en un encuentro con viejos amigos que uno no había visto en varios meses e incluso años, recordar buenos tiempos y pasadas ferias acompañados de una buena copa o una cervecita en su punto.

Los más precavidos vinieron provistos de paquetes de patatas, bocadillos, tortillas, ensaladas y aceitunas, mientras que los más improvisados aprovecharon lo que las barras, puestos y otros locales ofrecían, como montaditos, pinchitos, pulpo e incluso hamburguesas. Algunos comerciantes aprovecharon el tirón de la fiesta para atraer la atención de los turistas con souvenirs, como jarritas de recuerdo, pañuelos y sombreros, muy útiles para resguardarse del intenso solano.

Por su parte, numerosos jóvenes y no tan jóvenes se concentraron en las inmediaciones de la plaza de la Iglesia para bailar al ritmo de las sevillanas y de otras canciones populares para el Domingo Rociero.

Algunos habían venido provistos de guitarras y timbales para amenizar la tarde a aquellos que daban un paseo por la calle Real. Los trajes de rociera y los bañadores fueron los protagonistas de la jornada.

A medida que avanzaba la fiesta y las bebidas se iban agotando, las que todavía quedaban servían como complemento refrescante, muchos jóvenes aprovecharon la calurosa tarde para darse un baño en la playa de Levante, mientras que el resto seguía continuando la fiesta en las calles del centro o se acercaban a las casetas dispuestos a bailar sin parar con los amigos, tomarse una jarrita de rebujito, y conocer nueva gente con la que pasar un buen rato y disfrutar de uno de los días mas esperado de la Feria.

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