Díaz, Romero y Escarcena, oreja en la última de feria

  • La terna se estrella y está por encima de una descastada corrida con el hierro de Arcadio Albarrán muy desigual de presentación · La plaza registra en sus tendidos la peor entrada del abono de La Línea

La de ayer fue de esas corridas en la que hay que premiar, por un lado, la disposición y la firmeza de los toreros y por otro, a los pocos aficionados que acudieron a la plaza de toros de La Línea. Ayer quedó claro que el abono linense solo lo salvan los dos primeros festejos, un tercero no funciona. Será la crisis, claro. La corrida de Arcadio Albarrán fue muy desigual de presentación, no sirvió en conjunto, tuvo toros complicados y desrazados, a excepción del primero y el sexto de la tarde. Pero muy a excepción. La terna se estrelló con un encierro deslucido y poco propicio para el triunfo.

Abrió plaza Curro Díaz, que se presentaba en el coso linense, ante un toro noble pero muy justo de fuerza. El de Linares es un diestro que compone la figura con gusto y torería. Dejó pinceladas de su toreo artista. Mató bien y paseó un trofeo, como premio a una faena llena de detalles.

Ante su segundo, un animal con poca clase y justo de fuerzas, Díaz volvió a tirar de recursos y oficio, para poner la clase que le faltaba al toro de Albarrán. Estuvo por encima de un toro de los que le quita el sitio a cualquier torero.

También tuvo una buena actuación Alfonso Romero, sobre todo en su segundo toro, feo de hechuras y con genio del malo. Romero estuvo muy firme e impuso su toreo en cada uno de los muletazos. El de Albarrán embestía de forma descompuesta, con un cabeceo molesto, pero al menos hubo algo de transmisión en la faena. Buena estocada y paseó un apéndice. Antes en el primero de su lote, toreó muy bien con el capote, ganándole terrenos al toro hasta rematar en el centro de la plaza. El toro echaba la cara arriba y encima con poca fuerza. Para colmo terminó rajado y defendiéndose en cada uno de los muletazos. Romero estuvo por encima.

El caso de Curro Escarcena es aparte. Hacía su primer paseíllo de la temporada y tuvo una actuación de mérito. Derrochó disposición ante su primero, un animal complicado, que le miraba de arriba a bajo cada vez que le pegaba el muletazo. No se libró de la voltereta que le rompió la taleguilla por el muslo izquierdo sin consecuencias. Por el izquierdo, no tenía ni uno. Estuvo valiente Escarcena. Al igual que en el último de la tarde, quizá el toro que más se dejó del encierro, tampoco para tirar cohetes. Comenzó en el centro del ruedo con un pase cambiado muy ajustado. Cuajó varias series por el derecho, el toro tenía motor, pero tampoco era tonto. Le dejó la muleta siempre puesta, esa fue la clave. Faena de firmeza y de tragar los suyo. Cortó la última oreja de la feria. Un abono que concluyó con más pena que gloria, pero no por la terna.

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