La Feria se toma un respiro en la festividad del Carmen

  • La noche del lunes transcurre sin mucho ambiente en las casetas

El lunes, día en que se celebra la festividad del Carmen en honor a la patrona de los marineros y los pescadores, no fue en general un día muy afortunado para la mayoría de los caseteros.

El día transcurrió con mucho viento de Levante y unos cielos extrañamente brumosos, de modo que no se pudo realizar el tradicional paseo en barco de la Virgen, Señora del Mar y de La Atunara, que sí realizó su procesión terrestre por las calles de la barriada.

Este inusual tiempo, bastante fresco en comparación con otros días de bochorno que se han soportado durante este verano, fue muy bienvenido en general por la gente de La Línea. Sin embargo, aunque por la tarde transcurrió la jornada con una temperatura agradable aunque con mucho viento, eso sí, ese buen ambiente se convirtió en una noche de vientos raramente fríos teniendo en cuenta la estación.

Esta situación hubiera bastado para que, cualquier otro día de la Feria, algunos de los linenses más tranquilos decidieran pasar la noche en casa disfrutando de la leve corriente que entraba con sólo dejar dos ventanas abiertas, aunque, claro está, los demás ciudadanos no iban a perderse un día de Feria por sólo un poco de viento y por, como dirían algunos, la entrada de la fresquita.

Pero si a este tiempo se le añade que era lunes, es decir, el día después del Domingo Rociero, cuando la gente apura al máximo la Feria y se queda en las casetas hasta altas horas de la madrugada e incluso de la mañana, el resultado es que, al ser también día laborable, al finalizar la jornada la gente no está tan motivada como otros días, y menos aún si al salir a la calle tienen que protegerse los ojos con las manos para que no les entre polvo por el viento, además de volver otra vez a la casa para recoger una chaqueta.

No, ciertamente no era un día de Feria, y eso se notó bastante en todo el recinto ferial. Algunos caseteros intuyeron, por supuesto, que no iban a lograr mucho dejando las casetas abiertas y las cerraron, dándose un respiro después de la noche anterior, que había sido especialmente ajetreada y mucho más larga de lo normal.

Pero, aún así, hubo casetas que no se rindieron y abrieron sus puertas al escaso público que acudió, ese público que, haciendo gala del carácter fiestero y risueño típico de los linenses, se negó a quedarse en casa resignándose a ver alguna película o a navegar por internet y salió a intentar llenar el amplio espacio de las casetas, disfrutando de la semana más esperada del verano por los linenses, la semana de la Velada y Fiestas de La Línea.

Quedan no obstante por delante muchos días de Feria que, a buen seguro, serán apurados por linenses y visitantes, que exprimirán al máximo las instalaciones del recinto.

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