La esposa leal

"Ella no sólo ha sido siempre la compañera fiel, la esposa leal y la persona que ha permanecido a mi lado: es que ella ha estado siempre de mi parte. En todas mis luchas. En todas mis dificultades. Y, como decimos entre nosotros, cuando aquí no éramos nadie". Estas palabras, pronunciadas por don Juan Carlos en una entrevista con la periodista Pilar Urbano, ejemplifican el papel de la Reina en los 32 años de su reinado, ganándose el respeto de un pueblo que a su llegada la recibió como una desconocida. También evidencian el apoyo incondicional dedicado a su esposo incluso en los momentos difíciles, cuando arreciaban las tensiones con su padre, el conde de Barcelona.

Estuvo a su lado en fechas tan dramáticas como aquel 23 de febrero de 1981, cuando el golpe de Estado puso en riesgo la estabilidad de la democracia. La Reina, cuyo hermano había cedido ante los coroneles que organizaron el golpe de Estado, apoyó esa noche al Rey que ordenaba por teléfono a los capitanes generales, uno a uno, que no se sumaran a la asonada. La Reina se ocupó de la intendencia, cogió teléfonos, explicó a sus hijos lo que ocurría, atendió al equipo de televisión que grabó el mensaje institucional del Rey e, incluso, se subió a una silla para parar el reloj del despacho y que las campanadas no interrumpieran la grabación.

Hoy es una mujer querida y admirada por muchas cosas, entre ellas su lucha por los más desfavorecidos a través de la Fundación que lleva su nombre, aunque a su llegada -ella lo sabe mejor que nadie-, no era especialmente querida. Nacida en Grecia y educada en Alemania, los españoles la veían distante, lejos de la actitud campechana del Rey. Hicieron falta muchos años hasta que descubrieron a una mujer capaz de reír y de llorar, que demostraba sin pudor sus tristezas y sus alegrías, y que por encima de todo defendía a España y a su familia.

En una ocasión, un jefe de Estado extranjero le recordó "usted que es griega" pero la Reina, cortándole amablemente, replicó: "nací en Grecia, pero soy española".

Doña Sofía, primogénita de los reyes de Grecia Pablo I y Federica, nació en 1938 y siendo muy pequeña se exilió con su familia en Egipto y Suráfrica durante la Segunda Guerra Mundial, hasta su vuelta en 1946, cuando se reinstaura la Monarquía. Quizás fue el estado en el que encontró a su país cuando regresó, arrasado tras la invasión alemana, lo que sembró en su interior la semilla de una conciencia social que ha ido creciendo con los años.

El 8 de junio de 1961 se casaban en Londres los duques de Kent. Allí coincidieron por primera vez la princesa Sofía de Grecia y el entonces príncipe Juan Carlos. Sólo dos meses después se produce la petición de mano y el 14 de mayo de 1962 se celebra la boda en Atenas, por doble rito católico y ortodoxo.

Desde el principio, la Reina tenía muy claro que su papel debía estar lo más alejado posible de cualquier acto que pudiera entorpecer el futuro de don Juan Carlos como rey. Tras su coronación, y como ha señalado elogiosamente el monarca, doña Sofía ha "ejercido" como "una gran profesional que lleva la realeza en la sangre", desempeñando un papel decisivo al lado del Rey.

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