las claves

Se desvanece el sueño de Puigdemont

  • Cambios. A unos días de que se constituya el nuevo 'Parlament', ya son multitud en el independentismo los que dicen que el único que no puede ser investido es el ex 'president'

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A medida que se acerca el 17 de enero, fecha en la que se constituye el nuevo Parlamento catalán y punto de partida para la formación del Gobierno que surgirá de las elecciones del 21 de diciembre, se desvanecen las posibilidades de Carles Puigdemont de ser elegido presidente. Su esperanza, su objetivo, su proyecto vital.

La causa no hay que buscarla solamente en el hecho de que tanto el informe de los servicios jurídicos del Estado como el de los letrados del Parlament coinciden en que la sesión de investidura obliga a la presencia física del candidato para ser elegido por la Cámara, además de que no se puede gobernar a través de los instrumentos tecnológicos que ha abierto la era de la comunicación. El principal escollo para la elección de Carles Puigdemont hay que buscarlo entre sus propios compañeros de la aventura independentista. Hace muchas semanas, antes incluso de que se celebraran las elecciones, distintas personalidades del PDeCAT y ERC decían en privado que Puigdemont no podía ser presidente. Antes de, porque era opinión generalizada que las elecciones las ganaría la ERC de Junqueras en reñida partida con Inés Arrimadas de Ciudadanos. Después de, por la condición de huido de Puigdemont. Si regresaba a España sería detenido de inmediato.

Cuando planteó su idea de gobernar telemáticamente, no fueron pocas las voces que, sin micro delante y con la promesa de que no se pondría nada en sus bocas, afirmaban que esa situación era absolutamente inviable. Un colaborador de Puigdemont de su época de presidente llegó a decir que "de lo que no se repone nadie es del ridículo, y que Puigdemont pretenda gobernar desde Bruselas produciría un ridículo internacional del que los catalanes no nos recuperaríamos jamás".

MaS, EL RESPONSABLE

Puigdemont sin embargo no comparte esa idea sino que, por el contrario, sigue actuando como si fuera el presidente de la Generalitat en activo y con todo el derecho a ser restituido en su puesto.

Una corte de incondicionales, cada vez más disminuida, le hacen la ola y alientan su sueño de gobierno, pero con el transcurso de los días se va imponiendo la realidad: el PDeCAT no ve con buenos ojos su peripecia belga, que Puigdemont no tuvo a bien comunicar a la dirección del partido antes de huir a Bruselas. Por otra parte, los problemas judiciales del ex presidente hacen imposible que puede pensar en presidir el Gobierno porque su futuro inmediato pasa por la cárcel o, en el mejor de los casos, por la inhabilitación para ocupar un cargo público.

Para preocupación de Puigdemont no hay día que no se produzca una deserción importante en el independentismo. Empezó Forcadell rechazando repetir como presidenta del Parlament, lo que anunció posteriormente en una comparecencia pública para que finalizaran las presiones sobre ella; continuó Carles Mundó, en el que se habían puesto tantas esperanzas, y el desánimo fue ya más generalizado cuando en sus comparecencias ante el juez tanto Jordi Sánchez como Jordi Cuixart y el ex conseller Joaquín Forn se declararon independentistas pero contrarios a la Declaración Unilateral de Independencia. Forn y Sánchez le aseguraron al juez que si se mantenía el proyecto independentista por parte del nuevo Gobierno renunciarían a su escaño. Forn incluso señaló que sólo aceptaría un proyecto independentista si se promovía cumpliendo los requisitos que marca la ley.

Todos estos anuncios tuvieron su plato más fuerte cuando Artur Mas convocó a los periodistas para anunciarles que renunciaba a seguir en la presidencia del PDeCAT. Mas, que abandona el barco cercado por la Justicia -inhabilitado, con sus bienes embargados y con la espada de Damocles de que la sentencia del caso Palau le dé de lleno- es, sin embargo, el principal responsable de la agonía que vive Cataluña, empezando porque fue él, y sobre todo él, quien propuso designar a Puigdemont candidato a la presidencia de la Generalitat cuando la CUP condicionó su apoyo a la investidura a que no fuera Mas el candidato.

Puigdemont era un político de larga trayectoria independentista pero de biografía poco destacable. La prueba, que siendo alcalde de Gerona como lo era, Junts pel Sí le colocó número 3 de la lista electoral, lo que significa que no le tenía por candidato especialmente destacable. Pero era perfecto para Artur Mas: precisamente por ser personaje poco destacable, creía el ex presidente vetado que podría manejarlo a su antojo. Y lo hizo, pero en lo que a independentismo se refiere fue alumno aventajado de un Mas que, de inicios nacionalistas, se convirtió al independentismo cuando se vio asediado por las acusaciones de corrupción. Y como ocurre con los conversos, fue más allá en sus ansias independentistas que cualquiera de los dirigentes de ERC. Con Puigdemont dispuesto a aceptar todas sus iniciativas y, al poco tiempo, siendo el propio Puigdemont el que las promovía… e iban mucho más allá de las de Artur Mas. Pero Mas no se atrevió a pararle los pies.

NADIE ES IMPRESCINDIBLE

El único independentista que sigue empecinado en que Puigdemont es el indiscutible próximo presidente del Gobierno catalán es el propio Puigdemont. Hace ya tiempo que bastantes dirigentes del PDeCAT y ERC hablaban abiertamente de que el ex presidente no acababa de asumir su situación y anteponía sus intereses a la tozudez de los hechos: que era un fugado de la Justicia y que no podría gobernar desde el extranjero.

A unos días de que se constituya el nuevo Parlamento catalán, ya son multitud los que afirman que el único que no puede ser investido presidente es precisamente Puigdemont, y que debe ir haciéndose a la idea. Pero no lo hace, entre otras razones, porque su proyecto político está intrínsecamente ligado al proyecto personal, familiar.

Tendrá que vivir en el futuro de su sueldo de ex presidente, pero previamente tendrá que pedirlo, un trago amargo para un Puigdemonmt ensoberbecido. Sin embargo, de alguna manera tiene que ganarse la vida, entre otras razones porque su mujer acaba de perder su trabajo como periodista, ya que la Generalitat -hoy en manos del Gobierno central por la aplicación del 155- ha anulado una serie de subvenciones, entre ellas la del periódico en el que trabajaba Marcela Topor. El matrimonio tiene dos hijas, en las que tienen que pensar si van a hacer su vida lejos de Gerona.

Puigdemont reunió el viernes en Bruselas a los parlamentarios de Junts para hacerse una foto que visualice la unidad en torno a su figura. Pero mientras se realizaba esa reunión y su portavoz Elsa Artadi explicaba a los periodistas que Puigdemont sería el nuevo presidente, en Cataluña se producían más declaraciones contrarias a ser gobernadas desde Bruselas por parte de un personaje que, es verdad, ha sido el más votado de los independentistas, pero que cada vez aparece con modos más extravagantes, con inventos que no tienen nada que ver con una gobernabilidad seria como la que necesitan los catalanes. Entre las voces más significativas escuchadas en Barcelona mientras Puigdemont compartía impresiones con los suyos en Bélgica estaba la de Joan Tardá, coportavoz de ERC en el Congreso de los Diputados: "Nadie es imprescindible".

Palabras que deberían hacer reflexionar a un Puigdemont.

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